COSAS DE MUJERES

Por Elena Martínez

Son casi las ocho de la mañana y Silvia está a punto de acabar su turno. Cansinamente se quita el uniforme, da un último vistazo al largo pasillo de la planta de Ginecología y, saludando a algunos compañeros, se dispone a salir.

Uno pasos acelerados la hacen volverse y mirar con nerviosismo a la mujer que se le acerca con rapidez.

Tal vez esta noche tenga una respuesta para ti – le dice la jefa de enfermeras al alcanzarla. Y añade, con cierta acritud y prisa mal disimuladas: – pero ya sabes como están las cosas ahora, nos están exprimiendo, han despedido a muchos y no hay nuevas plazas.

Silvia va a responderle algo pero la otra mujer no la deja. Es de esas personas que apabullan con sus palabras para que no exista ningún silencio, ni una sola réplica.

Silvia, que la conoce muy bien, la mira como desde lejos y la escucha decir: -Ya sé que estás cansada de esperar una respuesta y también  sé que llevas muchos años en este hospital pero eso no te garantiza nada. Lo mejor que puedes hacer es irte a casa a descansar.

Silvia piensa que no vale la pena seguir ese monólogo que la cansa y no insiste más.

Recoge sus cosas y sale con la cabeza gacha, un leve temblor en la barbilla y un peso terrible sobre los hombros.

Decide no ir a casa todavía, necesita algo que la ayude a sobrellevar la sensación de soledad que la derrumba.  Necesita agua, necesita flotar para relajarse, sumergirse y dejarse mecer para olvidar.

Como casi siempre, llega tarde, se pone su gorro azul y entra en la piscina para seguir   los bailes y ritmos que la monitora ha elegido.

El cansancio parece diluirse poco a poco. Y se siente mejor. El agua, la música y las risas hacen milagros de este tipo.

Cuando salgan las demás, ella se quedará un rato para estar consigo misma dejándose llevar por el agua que la mece y la sostiene. Desde pequeña imagina que el agua la protege y en ella se siente liviana y todo lo feliz que puede.

Luego  irá para casa y no pensará más en su trabajo ni en el hospital. ¡Mañana será otro día!

……………….

María es la primera en salir de la piscina. Se dirige al vestuario mientras se quita su gorrito verde oscuro y va acelerando el paso mientras susurra: – que no llego, que no llego…

Cuando sale del polideportivo   siguen las prisas; a veces por llegar a tiempo a sus clases, otras para prepararlas y, desde hace un par de semanas, para acompañar a Pepa que está en el hospital recuperándose de  una intervención y con una espada de Damocles sobre su cabeza. Faltan unos resultados de los que depende su futuro, el futuro de las dos. Y eso es muy duro de sobrellevar. La una le oculta a la otra su preocupación pero ambas son muy conscientes de lo que pasa y andan con el alma a flor de piel.

Hoy se le va a hacer el día eterno a María, le va a costar dominar sus nervios y anda pensando, además, en la pobre  Pepa que no tiene más compañía que la de su vecina de cama que es una mujer parlanchina y metomentodo.

Seguro que hoy sabrán el resultado de las pruebas. Cuando salga de dar sus clases esta tarde, irá al hospital a toda prisa para hablar con el médico. Al fin acabará la ansiedad que les produce la falta de información. Los días, en estas circunstancias, son muy largos,  la impaciencia se las come y María estás muy preocupada, apenas duerme…y no para de pensar: ¿cómo van a organizarse? ¿cómo van a sobrellevarlo? ¿qué les espera?

¡Pobre Pepa y pobre de mí! – se lamenta. ¡No podré soportar que le pase algo, no quiero que tengamos que pasar por ello.

María intenta serenarse porque está entrando en una espiral insana y angustiosa. Respira profundamente mientras se acerca a la boca del metro que hoy  se le antoja que le da seguridad y cobijo.

…..

Pepa está mirando por la ventana, el día declina y  María no tardará en llegar.

Su vecina de cama sigue con su charla inacabable y monótona.

-Pues mira  –está diciendo-hoy me dan el alta y me voy para casa. ¡Qué ganas tengo! Y eso que me espera, lo que me espera. Todo estará patas arribas, si no estoy yo, nadie sabe hacer nada…

Pepa se nota cansada y el parloteo y la falta de sensibilidad de la  otra mujer la sacan de quicio. Cierra los ojos por poner  distancia. Piensa que tal vez  su vecina se calle si la cree dormida.

Poco a poco el silencio llena la habitación de paz y Pepa recuerda lo que María le dijo ayer: – en cuanto llegue el buen tiempo nos vamos a Asturias.  ¿quieres? Vamos a estar divinamente…tomaremos el sol, pasearemos, comeremos bien…ya verás ¡será genial!

Pepa cierra los ojos con más fuerza y aprieta los puños bajo las sábanas intentando alejar los nubarrones que se forman en su mente.

….

Silvia ha llegado más temprano que de costumbre, ya ha tomado una decisión y está mucho más tranquila.

Cuando se dirige a la reunión de cambio de turno, se topa con la supervisora que, en voz baja, le dice : – Lo siento, Silvia. Tienes una carta de Recursos Humanos sobre la mesa. Lo siento mucho de veras…

Silvia no quiere oír nada más y se va a hacer su última ronda. Ha decidido no sentir lástima de sí misma y entre dientes murmura. –¡Que te den,  cabrona !

Va a tener un turno tranquilo, con alguna buena noticia,  además: la del 312 no tiene porqué preocuparse. Silvia, al saberlo, se acerca a la habitación y ve que Pepa no está sola.  Una mujer le acaricia la cara mientras sonríe entre lágrimas.

¡Hola Pepa!- dice Silvia alegremente – ¡qué contenta estoy y que contenta debes estar tú, cariño! A que sí… ¿lo ves? …¡Ya vuelven los buenos tiempos!

-Sí,  sí –dice una Pepa radiante a pesar de las ojeras y de la palidez de su cara –¡estamos muy contentas!

Silvia la mira con ternura y luego desvía su mirada hacia María que sigue llorando sin apenas hacer ruido.

-Tú debes ser María- le dice –Pepa no para de hablar de ti. Me alegro de conocerte …pero mujer …no llores más,  ya está …ya está..

Silvia  seca las lágrimas de María con un pañuelo y se la queda mirando con mucha fijeza.

-Oye-le dice- ¿tú no eres la chica del gorro verde oscuro de la piscina? Te miro y te miro y yo juraría que sí.

María hace una bola de papel con su pañuelo y se echa a reír con todas las ganas del mundo.

Silvia les guiña un ojo a las dos y les dice:

– Chicas, me habéis alegrado la noche. Si necesitáis algo llamáis al timbre ¿vale?

Sigo con mi ronda…see you! …

…..

 

Aquel verano Pepa y María toman el sol en una playa cerca de Navia, cuando la marea empieza a mojarles las toallas.

Anda- dice Pepa- démonos prisa. Mira que somos mediterráneas, cada día nos pasa lo mismo.

Al subir por una ligera pendiente María se queja porque  acaba de torcerse el tobillo y sus gemidos atraen a los bañistas cercanos que intentan ayudarla.

Una del grupo, más dispuesta que los demás, los organiza. – A ver, hay que llevar a esta chica al ambulatorio –dice- vosotros dos que estáis fuertes acercadla hasta allí  por favor, aquí no tengo con qué ayudarla.

Al rato María tiene el pie vendado y está mirando con curiosidad a la mujer que la ha curado.

-Nos hemos visto antes ¿verdad? –le pregunta.

-Claro –le dice Pepa aplaudiendo-no reconoces a Silvia? Y añade- Pero tú ¿qué haces aquí?

-¿Tenéis tiempo? – Contesta Silvia – porque va a ser una larga historia…

 

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