UN MES EN LA CARCEL – Miguel Ángel Pérez
Por Miguel Ángel Pérez

UN MES EN LA CARCEL
Era el 23 de mayo de 1973 a las dos y cuarto de la tarde. Por fuera de la Facultad de Química
que confluía con el acceso a la autopista a Santa Cruz, hacíamos autostop Elsa y yo desde La
Laguna a su casa en la capital. Allí nos esperaba un almuerzo que me recordaba a los de mi familia
en Córdoba.
Era muy fácil que alguien nos llevara a Santa Cruz sobre todo porque por la hora y nuestras
pintas demostrábamos ser lo que éramos, estudiantes, lo que daba cierta confianza al conductor
que nos parara.
En esta ocasión vimos aproximarse un Peugeot 404 negro con varias personas dentro que nos
miraban intencionadamente. ¡La social! La Brigada Político Social paraba a nuestra altura y tras
identificarme, cortaron toda posibilidad de escape dada la proximidad del murete del jardín del
campus y la salida de muchos estudiantes. Evitan dirigirse a Elsa que trata de pararlos y me
obligan a entrar en la parte de atrás del Peugeot entre dos policías.
Apenas sin palabras el coche giró por la autopista hacia la capital insular y sin mirar al rostro
de los policías que me acompañaban voy reconociendo cada casa y cada edificio del camino que
llevábamos con otra mirada, como una despedida. Por un momento pienso que delante va Antonio
Hernández, mi antiguo compañero del seminario que sabía pertenecía al cuerpo de policía, y todo
por encontrar algún elemento familiar en aquel dramático transporte sin destino cierto. No pude
pensar en ese momento la paradoja: en el seminario de la Laguna yo había sido el “amigo
invisible” de Antonio H. y ahora se revertía la situación, era mi “enemigo invisible”, recordaba el
regalo que le hice, “Puente de paso” de Pearl S. Buck, mientras su regalo me llevaba claramente
a comisaría entrando por la Plaza de Weyler y Méndez Núñez.
A la entrada en los calabozos del Gobierno Civil tomaron todas mis pertenencias: carné de
identidad y de estudiante, reloj, cinturón e incluso una rústica cruz tallada en madera por mi padre,
cruz que ya no tenía para mí ninguna significación religiosa, cordones de los zapatos, mechero y
las gafas. Allí en un estrecho calabozo con ventanuco a la cafetería Chihuahua que sabía
frecuentada por la policía, ni siquiera por ese pequeño vano podía escapar mi imaginación. Sobre
las tres de la tarde me trajeron un cuenco de aluminio con arroz amarillo. Apenas probé el arroz
y pedí fuego para encender un cigarrillo.
Vuelto a la celda pude recomponer todo el dramatismo de mi situación. Estaba en la comisaría
de policía detenido por no sabía cuántas cosas. Evidentemente, porque pertenecía al movimiento
estudiantil antifranquista y además apenas hacía un año había ingresado en el PCE, junto a ello
estaba la huelga de Transportes Tenerife S.L. en la que habíamos participado en algunas algaradas
y lo último una concentración ante la casa de unas compañeras junto al campus cuando la policía
secreta registraba su domicilio y nos dispersaban enseñándonos sus armas.
Estaba en estas reflexiones cuando uno de los inspectores que me había detenido dio orden al
guardia para que me abriera. Me pone las esposas, me deja recoger mis gafas y me conduce al
otro lado del edificio al despacho del responsable de Seguridad, Inspector Gil Albert, allí ante la
presencia otros inspectores, Matute, A. Más Ayuso y algún otro. El interrogatorio versa sobre mi
participación en actividades de desorden público, mi pertenencia al PCE o incluso mi posible
relación con un sector independentista canario proveniente de mi época en el Seminario, de lo
que tenía la primera noticia. Me advierten que me delato al negarlo todo, hasta lo más evidente,
como fotos, porque esa es la consigna de los comunistas.
En la noche del primer día en comisaría me entregan, para mi sorpresa, una bolsa con varios
alimentos que la madre de un amigo, Margot Villamandos, acababa de traer, una tortilla, un
bizcocho y un cartón de tabaco de mis compañeros de curso.
La última noche el inspector Mario me sacó del entresueño en la celda para interrogarme en la
madrugada y a voces, cosa que me hizo temer algún golpe, como sabía se había producido con
otros y que finalmente no ocurrió. Ya por la mañana, tras una breve comunicación con mi novia
me confirma la designación de Jesús Martínez como abogado y la estrategia a seguir que consiste
en pagar un tercio de la multa impuesta, doce mil pesetas de un total de treinta y seis mil, para
poder recurrirla y tener una posibilidad ante el Tribunal de Orden Público, lo que me obligaba a
cumplir con el mes de arresto, para lo que en esa mañana me trasladaron a la Prisión Provincial.
Me preocupaba la situación de la familia de Elsa, su padre, Falcón, sufrió la represión tras el
levantamiento de Franco en Tenerife, estuvo en Fyffes, almacenes utilizados por los militares
como campo de concentración en Tenerife, junto a su padre y donde fue torturado, orinando
sangre como me contaba, con lo que mi temor tras tantos años era que pudiera reabrirse su
expediente además de sus recuerdos. Libertad, madre de Elsa, una voz muy cotizada en la lírica
local y que tras 1.936 su nombre fue ocultado en los carteles de los teatros para poner solo María
L. También mis padres, en Córdoba, no sabían nada y que de alguna manera murieron, décadas
después, sin que yo les hubiera contado nada de mi detención.
Ya en la prisión, conducido en vehículo y esposado, paso la rutina de entrada a la misma y se
me asigna el Tercer Grupo pasando a aislamiento las primeras veinticuatro horas en una celda.
Al día siguiente me citan en prisión para salir al juzgado de La Laguna, dos guardias civiles me
transportan esposado en un vehículo de este cuerpo a ese tribunal, junto al ayuntamiento. El Juez
me sorprende cuando de pie ante él lee mi declaración y prácticamente me felicita por ello
decretando mi libertad. Con esa orden del juez viene a por mí un policía local para trasladarme
de nuevo a prisión, en el asiento de atrás de un Renault 4L de la policía lagunera y diciéndome
que no me va a esposar. Debo cumplir con el arresto sustitutorio de la multa que me ha impuesto
el Gobierno Civil de Santa Cruz de Tenerife.
Todo era nuevo para mí, sin embargo, el no estar ya en comisaría me tranquilizaba, pues conocía
historias de amigos sobre torturas y amenazas a su paso por allí. Sabía lo que se me venía encima
con los exámenes de final del curso de tercero de Historia, el solventar la incomunicación con mis
padres, la más que posible pérdida de ese trabajo tan adecuado para estudiar como era ser
“observador de meteorología” del Servicio Nacional y perteneciente al ministerio del Aire que
regentaba un militar, que me permitía hacer turnos de doce horas y descansar dos días, en el
Centro Meteorológico provincial, también mi habitación en la pensión Valverde que por suerte
había liberado de propaganda antifranquista solo días antes de mi detención. Un cúmulo de
preocupaciones al que añadir que perdería la prórroga del servicio militar obligatorio, lo que me
conduciría a estar por lo menos catorce meses acuartelado y ya vería dónde.
La comida servida en un abollado plato de aluminio con una cuchara como único cubierto, dos
panes por día además de un café con leche muy claro. Como había dos compañeros más ya en
prisión, solicitamos estar juntos en una celda de tres. Así estuve con José Ojeda y Julio donde
teníamos un mismo sitio donde estar. Unos días después supimos de la detención de Quino
Sagaseta en Gran Canaria y acabó en esta misma prisión, por lo que tras solicitarlo terminamos
los cuatro en la misma celda. Era un pequeño aliciente tener todos el apoyo y los debates
tranquilos, más abiertos, sin ningún miedo dentro de la prisión, ya no podíamos estar más adentro
y nuestra comunicación, por ello, no guardaba ninguna discreción. De tal manera que nos
organizamos para mejorar nuestra estancia para lo que personalmente me ofrecí a pedir una
entrevista con el director de esta prisión y en la que hacíamos varias peticiones: fumigar la celda
y las literas por presencia de chinches, tener un interruptor de la luz en el interior porque
estábamos en época de exámenes y no tener que pelarnos dado que estábamos por un mes. Fueron
atendidas nuestras peticiones. Mandamos instancias solicitando ser examinados de algunas
asignaturas y así se trasladaron a diversos departamentos, que tras unas semanas asistieron sus
principales profesores a examinarnos de Geografía General, Prehistoria, Arqueología, en la
biblioteca del centro penitenciario, allí descubrí sorprendido la novela de Máximo Gorki “La
Madre” fuera de toda censura, exponiendo los valores de la revolución y la heroicidad de esa
madre.
Fueron llegando los días de liberarnos, concretamente salí el 22 de junio y pronto me dirigí a
mi trabajo sorprendido por el detalle de que el Sr. Cañadas, meteorólogo provincial, había
redactado un escrito por el que me concedía un mes de permiso por exámenes, para disimular mi
estancia en la cárcel, sin que se lo hubiera pedido. Sin embargo, cuando me acerqué a nóminas en
el aeropuerto de Los Rodeos el coronel que me entregaba el sobre me retuvo el mismo diciéndome
que hasta nueva orden no podría cobrar y que se me incoaba un expediente.
El Centro meteorológico me envió al observatorio de montaña de Izaña, en las Cañadas del
Teide, a sustituir por vacaciones al observador de allí, Antonio Portillo. Allí tendría que pernoctar
y comunicar los datos varias veces al día con un telefonillo de manivela tras un recorrido por
garitas, termómetros, teodolito, barógrafo y durante los diez primeros días de julio. Tras ellos,
esos días de aislamiento en Izaña, me preocupaba saber mi situación en la Caja de Reclutas por
si, como me temía, me habían retirado la prórroga por estudios del servicio militar, porque la
policía actuaba rápido cortando los posibles beneficios que tuvieras. Efectivamente descubrí en
esa Caja de Reclutas que ya tenía que estar incorporado con mi reemplazo y allí mismo firmé un
documento por el que reconocía que mi intención era servir a la patria, cuando en realidad pensaba
lo contrario, así que me dieron dos horas para incorporarme al (CIR 15) Centro de Instrucción de
Reclutas en Hoya Fría.
…………………………………………..
RELATO DEL TALLER DE:
Taller de AutobiografíaOtros relatos
Ver todosEL AMOR ENTRE BALAS Y VENDAS – Jose Ángel Varela
Jose Ängel Varela
01/04/2025
Descubre nuestros talleres
Taller de Escritura Creativa

Taller de Escritura Creativa Superior

Taller de Autobiografía

Taller de Poesía

Taller de Escritura Creativa con especialización en Poesía

Taller de Literatura Infantil y Juvenil

Taller de Escritura Creativa con especialización en Autobiografía
