EL SALÓN DE LOS PÁJAROS

Por Cristina Torreno Lorenzo

Los pájaros te dirán, cuando el vuelo alzar.
Han pasado  6 años desde la última vez que nos vimos. Seguramente te haya
pasado lo mismo que con una de aquellas piezas que no lograbas ubicar en el
engranaje que hacía volar a los aviones de la empresa para la que trabajabas.
Eras ingeniero aeronáutico y te encargabas de estudiar y decidir qué piezas
asiáticas eran las análogas a las de los aviones europeos. Te pasabas horas
analizando catálogos y discutiendo con tu jefe; y de paso conmigo. Lo tuyo
con la toma de decisiones era una pelea constante. Si te equivocabas podías
hacer perder miles de euros a la compañía que te había empleado. Muchas
veces me había preguntado por qué un avión puede llegar a costar cientos de
millones, pero en lo que nunca había pensado es quién es la persona que se
dedica a decidir qué pieza se debe adquirir y cuál no. Adriel era esa persona y
la misma que me descubrió la manera en la que un avión está formado por
millones de piezas que han de tener un diseño perfecto para que todas, en
conjunto, puedan lograr el vuelo. Pero existía una que era más cara que el
resto y fundamental: el álabe del motor. Esta pequeña pieza se encuentra en
todos los motores y sin ella  un avión sería incapaz de moverse; y
precisamente esta con forma de aleta fue la que generó un gran problema. Un
motor de un avión suele llevar hasta 800 álabes y tú por no haber prestado
atención, hiciste a tu jefe comprar hasta miles de unidades de estas que eran
incompatibles con un motor occidental. El error fue tan grande que tu jefe
estuvo sin hablarte durante dos meses, y finalmente te cambió de puesto. Lo
último que supe de ti, y porque me lo dijiste tú, es que eras el “coffee boy” de
la misma empresa y te sentías feliz. Meses atrás vivíamos juntos en Nantes y
nos queríamos mucho. Nos conocimos de casualidad, se me había caído el
dni en un centro comercial y tú al verlo, lo cogiste y saliste corriendo hacia mí.
Al dármelo, te diste cuenta de que poseía  la misma nacionalidad que la tuya:
la española. Desde entonces compartimos dos años de amor en los que los
últimos meses fueron como un huracán. Se nos rompió nuestro álabe y el
motor que  hacía querernos, se incendió catastróficamente. Yo no lograba
cumplir mis sueños como periodista en Francia y tú cada día odiabas más tu
trabajo. Éramos como un avión que lentamente se estaba estrellando con la
pesadez del día a día. Teníamos una conexión con destino al futuro, pero en
cuestión de meses nos quedamos en tierra de nadie; ni en tu mundo, ni en el
mío. Aún recuerdo el día en el que nos despedimos porque no he vuelto a
tener pareja después de aquello, aunque sí a enamorarme de otras personas.
Ahora, años después, he conseguido que la televisión nacional me dé una
gran oportunidad. Soy la nueva cara principal del programa Un planeta y miles

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de olas. Viajo por todo el mundo en busca de las mejores historias que
suceden junto al mar o dentro de este mismo. ¡Pero qué paradoja! ¿Verdad?
Tú de aviones y de volar, yo de mar y de navegar. Aun así, hoy voy hacia el
aeropuerto de Orly  para coger un vuelo con destino Catania. El aeropuerto
está abarrotado de turistas y estoy deseando despegar. Voy hacia el control
de equipajes y después hacia la puerta de embarque. Minutos más tarde..
¡Por fin me encuentro en las escaleras del avión! El viento sopla y me
molesta, por eso subo con rapidez. No me lo creo que ya esté en mi asiento, y
a tan solo dos horas de Catania. Quedan 5 minutos para que cierren la puerta
de embarque, el asiento de al lado está libre. De repente, escucho a alguien
jadeando detrás de mí. Sea quien sea ha estado a punto de perder este
vuelo. Alguien toca mi hombro izquierdo y antes de que pueda girarme, me
dice:
-¿Señorita me deja pasar?
-¡Adriel!, ¿pero..? (No puedo creer que esto esté pasándome, me voy a
desmayar).
-Ana, ¡Pero qué sorpresa! (Oh no, otra vez no. Cuando lo dejé con ella,
estuve durante dos años recordándola en cada chica que conocía).
-¿Por qué a Catania? (Por dios, que no me mire así con esos ojos porque va
a robarme el alma de nuevo).
-¿Te acuerdas de mi última aventura como Coffee boy? (A saber Ana qué
estará haciendo con su vida en estos momentos, me muero de curiosidad).
-Sí (Estoy poniéndome nerviosa, espero que no note la taquicardia que tengo
ahora mismo).
– A mis jefes y su compis les encantaban los cafés que hacía y me pagaron un
curso Master de Barista.
-¿Y te gusta?
-Me encanta, de hecho, este año gané el primer premio en el concurso de
baristas de París y regento una cafetería en Montmartre (Ya está el azafato
pesado de turno asustando a los pasajeros mientras enseña las medidas para
emergencias).
-Pues yo soy la nueva presentadora del programa un planeta y miles de olas
(Miedo me da su reacción, me estoy dando cuenta que no lo he olvidado en
todos estos años).
-Es uno de mis programas preferidos (Si tiene pareja o está casada ya, voy a
morirme de nostalgia cada vez que la vea en televisión).

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-Ahora voy a grabar en Catania el noveno programa de esta temporada
(¿Habrá encontrado una nueva pareja ya? Noto cómo el avión está
despegando y podría igualarse a lo que sentía por Adriel cuando lo conocí).
-¿Vas a estar muchos días en Catania? (Ojalá que sí y así pueda saber más
de ella).
-Estaré una semana aproximadamente ¿Y tú?  ( Si comparto allí más de una
tarde con él  ya sí que me quedaré atrapada para siempre en su sonrisa).
-Tengo planeado quedarme dos semanas para asesorar a un amigo con su
cafetería gourmet  ¿Te apetece tomar un café? (Llevamos más de 20 minutos
volando y hablando con Ana he perdido la noción del tiempo).
-Sí, gracias. Uno descafeinado (Estoy notando cómo el avión toma altura. Él
también lo hace, mis recuerdos y mis anhelos por continuar la historia que
abandonamos hace algunos años).
-Señorita, por favor ¿Podrías ponernos dos cafés: uno normal y otro
descafeinado? (Esta azafata es muy joven, seguro que no alcanza a tener ni
20 años).
-Sí, aquí tiene. Tengan cuidado con los vasos porque aún queman- dice la
azafata
-Muchas gracias. Ya los he colocado en el posavasos (Creo que el café de
Ana tenía tantos grados como lo que sentí por Ana la primera vez que la vi).
-Gracias, Adriel (Este café me está recordando a aquellos que tomábamos los
domingos en la cafetería librería del barrio viejo de Nantes).
-¿Me dejas que te dibuje algo en el café? Tengo en la maleta algún molde y
canela (Espero no asustarla con la plantilla que diseñé hace unos meses).
-Sí (Me muero de impaciencia, estoy deseando ver sus dibujos sobre los
cafés).
-Pero tienes que mirar hacia el otro lado, mientras lo hago
-Vale
-Tan sólo un par de minutos
-Ahora ya puedes girarte (Lo que estoy haciendo ahora mismo da más
ansiedad que si le hubiese pedido matrimonio hace 6 años).
-No tengo palabras.. (Ha hecho un dibujo de la silueta de mi cara).
-¿Y.. qué te parece? (Ahora ya no hay vuelta atrás, le acabo de decir
claramente que aún sigo enamorado de ella).

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-¿Pero.. cuándo diseñaste esta plantilla  (Ha seguido pensando en mí, ha
seguido pensando en mí todo este tiempo).
-Hace un año. Es increíble el parecido que tiene contigo, ¿Verdad?
-Desconocía este lado tuyo, es muy bonito lo que acabas de hacer por mí (¿Y
ahora que se supone qué es lo que debo hacer?).
-¿Has oído ese ruido ? (Lo que estoy escuchando ahora mismo me aterra,
suena a fallo en el motor)
-Sí.. (¿Qué estará pasando? ¿Habrá una tormenta eléctrica?) .
-Señores pasajeros, abróchense los cinturones. El avión está sufriendo una
avería en los álabes del motor. Estamos intentando aterrizar en modo
urgencia – la voz del comandante resuena aún en mis oídos.
– No, el álabe nooo. Ana, podríamos morir en cuestión de segundos. Esta
avería es grave.
-¿Qué está pasando?
-Un fallo del álabe puede hacer que el motor se incendie y se desintegre en
pedazos. Lo que está pasando es muy serio, Ana (Ahora nuestro vuelo,
nuestro salón  de los pájaros está en peligro. Justamente cuando
empezábamos a recobrar la ilusión por nuestro antiguo amor).
-Señores pasajeros nos encontramos ante un momento crítico, pónganse las
mascarillas. Vamos a tomar tierra en cuestión de minutos- apenas se oye la
voz del comandante entre las alarmas que se han disparado, los gritos y
lamentos de algunos pasajeros.
-Adriel, abrázame puede que este sea nuestro último café pero siempre
estaremos juntos donde quiera que vaya este maldito avión
-Ana, no te soltaré jamás. Eres como el único álabe que aún persiste en el
motor de mi vida. Siempre te he querido (Puedo notar cómo el avión se
precipita a una pista de una ciudad italiana y sin control alguno. Me falta el
aire, pero Ana es mi esperanza).
-Cierra los ojos, estamos a punto de aterrizar (las alarmas y la descompresión
del aire tienen invalidados casi todos mis sentidos, pero aún puedo escuchar
su corazón).
(El avión toma tierra, una columna de humo aparece. Adriel coge a Ana en
brazos y logra salir por una puerta de emergencias cercana. Una vez fuera del
avión, descubre que han sido unos de los pocos supervivientes. Le da agua a
Ana, ha perdido el conocimiento pero está a salvo. )

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Han pasado 5 meses desde aquel accidente de avión y tres desde que
decidimos mudarnos a Catania. Adriel regenta aquí mismo una cafetería a la
que ha llamado El salón de los pájaros. Yo sigo con las grabaciones de Un
planeta y miles de olas, esta temporada se va a rodar íntegramente aquí.
Desde el accidente, parece que hemos aprendido que el amor es como un
motor al que no le pueden faltar los álabes para volar, cafés para
encontrarnos y abrazos para quedarnos el uno con el otro.

 

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