EN EL SILENCIO HABITO… – Marina del Carmen de Juan Fernández

Por Marina del Carmen De Juan Fernández

La Voz nos habla durante todo el día, pero no siempre la escuchamos. Tan solo cuando decidimos parar y atendernos, nos unimos al Silencio donde Ella reposa, habita y desde ahí se expresa….

Lo de siempre, lo viejo….

Estoy sentada leyendo un libro en el jardín de mi casa, hace un día espléndido, el agradable sonido de los pájaros me cautiva, las flores propias de la primavera lucen sus mejores galas y una dulce brisa acaricia mi rostro. Todo fluye y experimento una agradable sensación de bienestar y relajación.

De repente, suena el teléfono y alguien al otro lado me dice algo que me incomoda, me siento atacada y ofendida. El estado placentero que sentía unos minutos atrás se desvanece completamente y una profunda sensación de angustia e insatisfacción me invade. Noto una intensa punzada en el estómago y los músculos se contraen. Un escalofrío recorre mi cuerpo y experimento tensión. En el exterior nada ha cambiado, todo alrededor continúa emitiendo su brillo, sin embargo, mi percepción ahora es diferente, las nubes se cuelan en mi mente y todo se torna gris, incluso parece que las hojas de las plantas languidecen y se vuelven tristes.

Cada día puede ocurrir algo similar con mis hijos, el trabajo, mi madre, mi marido, el mundo…a menudo aparece alguna circunstancia que me saca del estado de paz y me pone en contacto con la culpa, la victimización, la pequeñez…

En ese instante, como en muchos otros, no importa cuál sea el escenario, la misma voz se repite en mi cabeza; -Otro es el culpable de como te sientes -la oigo con nitidez; es una voz firme, convincente-. Es él quien debería comportarse de forma diferente para no dañarte. Tienes que hacer muchas cosas para ser diferente y especial y así sentirte completa -prosigue, y su tono resulta de pronto cálido, acogedor, acuna mis pensamientos y me convence-. Necesitas lograr éxitos para ser reconocida, tienes que conseguir dinero para sentirte segura. También me dice que debería estar haciendo algo diferente a lo que hago, estar en algún lugar distinto al que me encuentro, que tengo que mejorar, que no soy suficiente, que he de aprender más cosas y obtener más títulos…
¡No para!; -Piensa en positivo, busca una solución, aguanta, resiste, tú puedes-.
De repente, vuelvo al bucle. No me doy cuenta de lo efímero que es alcanzar lo que esta voz me propone y corro tras otro objetivo que será el definitivo para lograr ser feliz, pero tras obtener un poco de placer, vuelvo a sentirme incompleta, vacía e insegura. Nunca nada es plenamente satisfactorio, siempre permanece una sombra de frustración.

 

Así vivo una existencia llena de conflictos, contradicciones, alegrías fugaces y satisfacciones pasajeras que me condenan a vivir en un agotador estado de supervivencia, siempre gobernada por un sistema de pensamiento de ataque-defensa, que implícitamente me obliga a vivir separada de la fuente, de Dios.

Esta voz constantemente conduce mi atención hacia el mundo físico, así que mi estado siempre depende de la interpretación que hago del exterior. Me doy cuenta de que al hacerlo entrego mi poder, vivo limitada y mendigando amor, reconocimiento, aceptación…
¡Yo no quiero vivir así, tiene que haber otra manera!

Una invitación profunda susurra desde el corazón…

En ese momento surge la Voz desde mi interior, una voz dulce y amable, una chispa de luz que me invita a la quietud, a elegir paz y a dejar de prestar atención a lo externo.
Me detengo unos minutos, respiro y permanezco en silencio…me abro a sentir lo que venga, haciéndome plenamente consciente de eso que siento sin juzgarlo. Por un momento dejo caer mi cuerpo, mi nombre, conceptos y significados. Observo el apego al personaje, a la máscara que obstaculiza mi realidad. Percibo inquietud y miedo a soltar y desprenderme de todas esas creencias y valoraciones que creo que me dan seguridad.
Experimento miedo a saltar al precipicio y por unos instantes vuelvo a mirar atrás, a lo conocido, a la locura, y de nuevo, ese programa mental de temor, incansable y persistente comienza a recordarme cosas: -No olvides atender la llamada. Recuerda ir a comprar pan. No hiciste aún la colada. Estas perdiendo el tiempo, deberías estar haciendo algo de provecho. No sientas, si lo haces, surgirá el dolor. Quiero huir de mi misma. La voz tiene razón. Pero la huida llenando el tiempo de asuntos por hacer no me devuelve la serenidad, más bien todo lo contrario. Cuanta más satisfacción busco a través de este “yo”, experimento más frustración. Cuando creo ser alguien o busco mi propio interés, hay desdicha y conflicto. Entonces, el dolor me invita a escapar de nuevo. – Ve al cine- la voz retorna de forma brusca-, trabaja, sal a cenar, conéctate a las redes, lee el periódico.
Una punzada en el pecho me advierte que algo no funciona, hay tanto ruido en mi cabeza que parece que va a explotar, montones de pensamientos circulan por un laberinto en el que no hay salida. Siento presión, mi corazón palpita con fuerza y un nudo en la garganta dificulta mi respiración.
Y es entonces desde ese estado de ansiedad y angustia, cuando decido abandonar la lucha…suelto toda resistencia…y descubro que en la misma rendición recupero mi poder, mi invulnerabilidad.

 

 

 

Una nueva mirada…

Ahora desde esta mirada, humilde y amorosa, que aflora del silencio, decido de nuevo escuchar la Voz y permanecer sentada, con los ojos cerrados me atiendo en este instante. Respiro lenta y profundamente una y otra vez. Pongo foco en mi interior mientras dejo que los pensamientos vengan y se vayan como un río que fluye, sin detenerme en ninguno.

Me permito sentir todo lo que siento ahora, sin más dejo de rechazar este momento, suelto toda idea de que algo cambie o sea diferente a como es y me quedo en silencio, abrazándolo todo, pues algo me indica claramente que ni niña interna necesita ser atendida.
Sin defensa alguna comienza una escucha activa y amorosa que me permite ir dando la bienvenida a todo lo que va aconteciendo en este instante y me pongo a disposición de eso que hay en MÍ que sabe y conoce mi verdadera esencia. Me hago a un lado, dejo el camino por mi cuenta, en soledad, ese camino impregnado de exigencia y culpa que tantas veces me resulta abrumador y me paraliza, me cansa y desmotiva, pues por más que consigo nunca es suficiente.

En presencia, me dejo amar ahora y con absoluta confianza en este instante me arrojo al reconocimiento de que no sé lo que tengo que hacer, no conozco el propósito de nada, no sé como debería ser este momento…
El parloteo de mis pensamientos se calma, la tensión desaparece, el miedo se esfuma…-qué descanso, todo vuelve a brillar, los colores se avivan, mi visión ha cambiado-.

Así comienza un vaciado en el que voy dejando caer juicios, interpretaciones, dudas, suposiciones y aparentes conocimientos que me introducen en la oscuridad. Me abro a la verdadera inteligencia que habita en el silencio, a ese espacio divino donde el amor me informa, donde no hay un yo que determine una meta siempre interfiriendo en el suceder de los acontecimientos, por el contrario, mi unicidad ahí es desvelada y una paz profunda emerge al soltar el control.
El amor se ha llevado la locura, toda distracción y sensación de soledad.
Aquí está el regalo que me trae cada situación aparentemente dolorosa. Es como si algo me hubiese tendido un puente que me lleva de un corazón contraído a un corazón en expansión y entonces…una alegría sin causa brota desde el fondo de mi ser.

Esta quietud indispensable y necesaria para escuchar el silencio que me habla, me regala una mirada de inocencia, un cambio de percepción, en el que de repente todo cambia sin haber cambiado nada, -siento gran serenidad-. Una paz perfecta subyace a lo que perciben mis ojos, pues estos, solo pueden ver sombras e ilusión.

Una comprensión emerge. Todas esas historias que me cuento, son falsas. Ninguna situación es la causa de mi sentir, solo me pone en contacto con mi propia herida, con el miedo y la insatisfacción que brotan fruto de mis pensamientos separados, esos que a menudo se oponen a lo que está aconteciendo en este momento y me impiden reconocer lo sagrado que hay en la cotidianeidad.

¡Ahora lo veo claro!, el mundo externo solo refleja el contenido de mi mente, suposiciones, creencias, valoraciones, ideas inconscientes que sostengo y me gobiernan, las cuales se expresan con el único propósito de abrazarlas sin juicio para así poder trascenderlas.

 

Y algo nuevo se revela…

A través de esta visión diferente que se revela, me reconozco en amor y descubro que yo no estoy aquí para ser mejor persona, ni para conseguir grandes logros, ni para cambiar el mundo o mejorarlo, ni para que el mundo o el otro se adapten a mis intereses personales, sino para aprender a amarlo todo y darle la bienvenida por el simple hecho de que está ocurriendo.
Al abrazar mi camino humano tal y como es, se abre un nuevo amanecer donde puedo observar la perfección y la belleza de este instante, nada tiene que ser diferente para poder experimentar la plenitud que anhelo.
Despierto y recuerdo que transito un viaje de regreso a mi hogar, a la verdad.
¡Bendito viaje sin distancia!
Me he pasado años buscando en el lugar equivocado para finalmente darme cuenta de que no hay ningún lugar a donde ir…. La belleza y el misterio de la vida está en el mismo hecho de existir.

TODO YA ES EN MÍ AHORA.

 

 

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