LA DONACIÓN – Nerea Landa Gundín

Por Nerea Landa Gundín

Itxaso estaba ilusionada con su maternidad. Siempre había sentido su llamada, pero los hombres no le interesaban y vivía una estable relación con Ana, una maestra de escuela. Su trabajo como directora financiera de una gran compañía le había absorbido mucho tiempo pero no estaba dispuesta a dejar pasar su sueño. Siempre embebida en datos y exigencias de solvencia, fue demorando su decisión de tener un hijo recurriendo a la fertilización in vitro. La herencia de una tía lejana facilitó las cosas. Así que, un buen día, esperanzada, cogió cita en la clínica de fertilidad Fertilandia, donde una ginecóloga le exploró y le explicó el procedimiento. Ana estuvo en todo momento a su lado. A Itxaso le adjudicaron un grupo de características sanguíneas genéticas y tras varios intentos pudo lograr un embarazo con semen de un donante desconocido. Logró quedarse embarazada y tener un precioso niño al que llamaron Ibai. Era sumamente feliz.
Tras una primera infancia dichosa , a los 6 años el pobre Ibai enfermó, se cansaba mucho y perdía peso. Le diagnosticaron una enfermedad renal sin solución. Comenzó un tratamiento de diálisis , para lo cual el niño tenía que acudir todas la semanas al hospital y estar ingresado durante horas para limpiar su sangre. Pero el tratamiento era demoledor, agotador , y la doctora le explicó que su otra opción era el trasplante renal de donante. El problema era que debido a la alta demanda de riñones de fallecidos , la lista de espera podía durar años. Así que la opción más rápida era que una persona viva compatible le donase uno de sus dos riñones. Itxaso era una mujer muy luchadora así que se puso manos a la obra. Hicieron pruebas de compatibilidad a toda la familia pero oh! -¡el resultado fue desolador! Nadie de la familia podía ser donante del niño, nadie tenía un ADN compatible. Como una madre guerrera, aunque angustiada , Itxaso comenzó su batalla. En primer lugar, acudió a la Clínica Fertilandia para averiguar quién era el donante. Allí le dijeron que por motivos de confidencialidad no le podían dar el nombre de su donante. Explicó que su hijo estaba en peligro y presentó los informes médicos, pero tras analizarlos la clínica denegó su solicitud, podía seguir en diálisis o buscar otra persona. Si revelaban el nombre del padre podría crear un precedente en todos los demás.
Itxaso sintió mucha frustración pero no se rindió y contrató un detective privado conocido por descubrir célebres casos llamado Iker Cuesta. Itxaso le convenció para que la ayudara en esta nueva y arriesgada misión. Iker, atraído por este insólito desafío aceptó la propuesta. Juntos, idearon un plan para infiltrarse en el corazón de Fertilandia El detective privado concertó una cita con la clínica, haciéndose pasar por un donante y se enteró de todos los procedimientos necesarios para serlo. Una de las personas le detalló que en caso de que alguien rastrearse el nombre del donante era prácticamente imposible dar con él porque estaba protegido por un programa informático con una base de datos que tenía muchísimas claves.

Iker que era además de detective era un experto hacker informático, se coló en la clínica y penetró en los sistemas, evitando sus sofisticados mecanismos de seguridad. Logró hackear el programa lograr los nombres de los donantes de la época en que Itxaso consultó. Tras cruzar datos y fechas logró dar con el posible donante. Informó del descubrimiento a Itxaso, y junto con Ana investigaron en internet sus redes sociales para conocerle mejor, buscaron dónde vivía, donde trabajaba , su aspecto. Resultó ser, para perplejidad de todos, un médico conocido en la ciudad.
El doctor Aitor Echenagusia era un reputado cirujano general. Años antes había sido un chico de pueblo que estudiaba con beca y pasaba apuros económicos. Por aquel entonces, ser donante de semen era una manera fácil de ganar un dinero extra para muchos estudiantes de medicina. Los reclutaban en la universidad, con médicos que acudían a las clases a pedir “voluntarios”. Aitor nunca imaginó que años después aquello tuviese ninguna consecuencia. Con los años se olvidó y se centró en su carrera.
Una mañana Itxaso se armó de valor y se presentó en su consulta, decidida. Lo tenía clarísimo. Esperó a que saliera Aitor y lo abordó.
– Aitor, necesitamos hablar. He descubierto que eres el donante de semen que permitió que mi hijo, Ibai, llegara a este mundo. Pero ahora, Ibai está enfermo, gravemente enfermo. Necesita un trasplante de riñón, y eres la única esperanza que tenemos.

– ¿Qué estás diciendo? No entiendo. ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

– Contraté a un detective privado, Iker Cuesta, para que descubriera la identidad del donante. Resultaste ser un médico conocido en la ciudad, Aitor.

– Esto es surrealista. Nunca imaginé que mi decisión de donar semen podría tener consecuencias así. Pero, ¿cómo puedo estar seguro de que todo esto no es algún tipo de estafa?

Itxaso le mostró las pruebas que había conseguido Iker en la clínica. Además le enseñó una foto en la que el parecido era innegable. Aquí tienes la evidencia, Ibai es tu hijo biológico.

– No puedo creerlo. Esto es… demasiado para mí. Esto es una mera suposición.

– Aitor, estoy segura. Ibai está sufriendo. Necesita un riñón, y tú eres la única persona con la posibilidad de ser su donante compatible. No tengo a quién más recurrir. No puedo perder a mi hijo.

– Donar un riñón es una decisión seria. Lo sé, soy médico.

– Aitor, entiendo la gravedad de lo que te estoy pidiendo. Pero también entiende que Ibai es una parte tuya y se muere. ¿Realmente podrías vivir con la idea de no intentar salvarlo?

– No lo sé, Itxaso. Esto es abrumador. Necesito tiempo para pensar.

– Por favor, Aitor, no tardes demasiado. El tiempo apremia para Ibai. Esta es su única oportunidad.

– Lo sé. Déjame procesar todo esto y hablaré contigo pronto.

– Gracias, Aitor. No sabes cuánto significa esto para mí, para Ana y para Ibai.

La emociones eran intensas para ambos. La posibilidad de salvar la vida de Ibai estaba en manos de Aitor.
El médico se quedó muy impactado , se sentó durante un tiempo en su consulta. Su primera reacción fue creer que Itxaso mentía. y por eso le llamó al día siguiente, para pedirle unas pruebas de ADN con una muestra suya y otra del niño. Cuando las pruebas arrojaron el resultado de que Ibai realmente era hijo biológico suyo al 99, 9%, Aitor sintió sobre todo, miedo. Donar un riñón era quedarse con uno solo de por vida, algo que los especialistas le habían dicho que no sería peligroso en principio, pero como médico sabía que en medicina siempre había alguna excepción. Y por otro lado, no donarlo, supondría la muerte de aquel niño.
Aitor era un gran profesional pero su vida privada era un desastre. Sus relaciones de pareja habían fallado y vivía sólo, con su única afición de ir a la montaña con un par de amigos del hospital. En los últimos años se había planteado fugazmente que hubiera sido bonito tener hijos. Pero aquello no era la forma en que lo había soñado. Guiado por un sentimiento inexplicable , Aitor decidió ir un día a visitar al niño y se presentó en casa de Itxaso y Ana. Ambas le acogieron con mucha esperanza. Le presentaron a Ibai. El niño era tímido, pero sonriente. Le recordaba mucho a su padre, con el pelo abundante, los ojos verdes, uno más pequeño que el otro, que miraban amables. Aunque estaba delgadito , débil Se dio cuenta de que en algunos momentos el niño sufría de dolor y le dio una pena inmensa. Habló poco con él.
-Hola, Ibai-le dijo- ¿qué tal en el cole?
-Me gusta mucho pero tengo que faltar para ir al hospital- aquello conmovió a Aitor.
Tras muchas cavilaciones con familiares y amigos, e incluso una terapeuta especializada en donaciones de órganos, Aitor se sometió a la intervención y donó el riñón al Ibai. La operación fue exitosa, . Tras varios meses el niño fue recuperando la salud y su color de piel fue normalizándose , tornándose de un amarillo pajizo a un rosado sano. Pronto empezó a jugar al fútbol con los demás niños y correr con su perra Leila , y se reía mucho más. Aitor comenzó a visitar a Itxaso, Ana e Ibai de vez en cuando y, lentamente, fue labrándose una amistad sincera entre las madres y ese niño tan avispado. Itxaso y Ana decidieron explicarle sinceramente al Ibai, según iba creciendo, quien era Aitor realmente, su papá biológico , y cómo había sido su historia de concepción y posterior enfermedad y cura. Con los años Ibai fue comprendiendo mejor. Aitor empezó a llevarlo al cine o al hospital con él después del trabajo y fueron uniéndose más. En los años siguientes la relación del niño y de su padre fue estrechándose y consiguieron quererse de verdad. Cuando Ibai, a los 24 años se graduó en Medicina , Aitor, orgulloso, lloró de la emoción y pensó , como tantas veces esos años, que aquella acción había sido la mejor de su vida.
Mientras tanto la vida de Ibai continuó su curso; comenzó su especialidad en medicina de familia para después continuar su carrera trabajando como voluntario en África. El médico iba regularmente a un país muy pobre llamado Kareli, donde pudo ver con gran pesar la escasez de medios, hasta el punto de que las familias era tan pobres que recurrían a vender los órganos de sus hijos para poder subsistir. Ibai se sintió tocado en lo más hondo por el problema y lleno de compromiso decidió comenzar un proyecto altruista para solucionar ese problema. Recurrió a sus madres Itxaso y Ana y a su padre Aitor, quienes se unieron a la causa recaudando fondos para el proyecto, y trabajando para el mismo en su tiempo libre. Consiguieron dinero mediante un crowfunding y pudieron emplearlo para mejorar las condiciones de vida de la gente. Alertó al gobierno del país e hizo una campaña internacional de concienciación sobre el tráfico ilegal de órganos. La valentía de Aitor tuvo sus frutos pues los jóvenes de Kuruli tuvieron otras oportunidades.
El coraje , la perseverancia y la generosidad dieron sus frutos, y se propagó hasta los confines de un país donde se hizo un bien incalculable e influyó en una mejor vida para multitudes de personas.

 

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