LA TRISTE HISTORIA DE MARIAM – Jecenia Licet Nazareno Alarcón

Por Jecenia Licet Nazareno Alarcón

Pedro, ese fue el nombre del amor de mi vida, a quien amé con locura desde que era tan solo una niña.
– Empieza a relatar Mariam con un semblante diferente al que ha tenido toda la noche.
-Él y sus dos hermanos compraron un hotel en el que invirtieron todos sus ahorros y muchas horas de trabajo para poder reformarlo y hacerlo funcionar. Al final de tanto esfuerzo el hotel quedó en muy buenas condiciones, para así alquilar las mejores habitaciones nunca vistas en la isla bonita. Ese sitio parecía un paraíso, aunque los primeros años fueron muy difíciles para nosotros por el arduo trabajo que requería, pero mi Pedro era de esos hombres que nunca se dan por vencidos, él tenía una gran fortaleza que despertaba admiración y motivaba a la gente que le rodeaba. También sabía muy bien cómo ganar dinero, así que creó varias formas de inversión en la isla, para no depender únicamente de los ingresos del hotel. Gracias a su ingenio, nos ganábamos bien la vida, incluso posteriormente se nos ocurrió montar en la terraza del hotel una sala de baile para impartir mis propias clases de bailoterapia, ya que amo bailar y se me da muy bien el trato con las personas. Mi difunto esposo siempre me apoyó en cualquier decisión que me hiciera feliz, así que ambos nos sentíamos plenos y felices cumpliendo nuestros sueños.
La terraza del hotel era perfecta para montar el salón de baile, desde allí arriba se podía ver toda la isla y el mar rodeándola, así que, sin pensarlo dos veces empecé a impartir mis clases en aquel espectacular lugar. Más adelante mi mejor amigo de la infancia Fernando, pero a quien todos llamábamos con cariño Fercho se unió a mi proyecto y juntos le dimos vida a nuestra pequeña escuela de baile.
Él tenía un talento natural para el baile y también para la composición de sonidos musicales, además era un negro guapísimo de esos que no se ven por aquí. Las mujeres lo adoraban, solteras y casadas, todas querían estar siempre a su lado; muchas de ellas asistían a nuestras clases únicamente por él. Más adelante empezamos a ofrecer clases de canto y de música para niños, algunos de ellos eran huérfanos o pertenecían a familias de muy bajos recursos económicos, así que asistían gratuitamente a nuestras clases ya que no podían pagarlas. Estas ideas llenas de generosidad por lo general siempre eran propuestas por Fernando. Su gran empatía le hizo aún más popular en el pueblo.

Mi vida parecía perfecta hasta que pasó la peor desgracia que jamás hubiera imaginado. Mariam continúa, mientras baja su mirada:
Un día antes de nochebuena Fernando apareció muerto y envuelto en una sábana blanca dentro de un pozo que quedaba cerca del huerto del hotel, su cuerpo había sido apuñalado varias veces en el abdomen, lo hallaron unas trabajadoras que realizaban sus labores en aquella zona. Todo el pueblo quedó impactado por esa terrible noticia, yo estaba devastada pero aun así no paraba de pensar de quién habría sido capaz de cometer un acto tan maligno como ese. Fríamente sospeché de unos prestamistas que tienen muy mala fama en el pueblo, ya que un par de veces fui testigo de cómo le amenazaban a la salida del hotel por la deuda de un préstamo que Fercho no podía pagar.
En su sepelio, los familiares de Fernando estaban dolidos y desconcertados, pero al mismo tiempo, sentían un gran orgullo al ver tantas personas despidiéndose de él, incluso venían de otras partes del país. Sabían que Fercho era muy sociable y querido por muchos, pero nunca imaginaron ver a miles de personas junto a ellos llorando su partida.
Al final del entierro me acerqué a la madre de Fernando para darle mis condolencias, pero ella rápidamente se alejó de mi lado mirándome con desprecio. No entendía lo que pasaba en ese momento, imaginaba diferentes razones por las cuales ella actuaba así conmigo. Después de unos minutos al verla junto con su esposo y otros familiares, intenté acercarme nuevamente, pero el padre de Fernando sin dejarme mencionar una sola palabra, enseguida me apartó de ellos bruscamente.

– ¡Vete Mariam! No eres bienvenida aquí, tu marido y tú son culpables de la muerte de nuestro hijo-. Esas fueron las desagradables palabras que utilizó la madre de mi mejor amigo para dirigirse a mí en su sepelio. Sin saber qué decir, de inmediato me marché llorando desconsoladamente. No entendía por qué ellos nos acusaban a mi marido y a mí de aquel terrible asesinato. Fernando fue como un hermano para mí desde siempre y le amaba.
Al cabo de dos semanas volví a abrir la academia, pero casi nadie asistió a mis clases; solo había dos personas y estas eran turistas. Al iniciar la clase, noté que ya nada era lo mismo sin Fernando, la melancolía me impedía continuar. Enseguida fuimos interrumpidos por la llegada de dos Policías que querían interrogarnos a Pedro y a mí por la muerte de Fercho. Al parecer mi marido era el sospechoso principal de su asesinato, varias declaraciones anteriores que los policías habían obtenido de diferentes personas del pueblo; coincidían en culpabilizar a mi esposo.
Según aquellas terribles difamaciones: “yo mantenía una relación amorosa con Fernando y mi marido lleno de celos ideó un plan para matarlo para luego deshacerse de su cuerpo, tirándolo envuelto con una sábana blanca al pozo del hotel”.
Esas mentiras llenas de odio nos destrozaron en aquel momento, no podíamos creer cómo la ignorancia de varios desocupados podía terminar con la reputación de gente honrada como nosotros.
A veces la vida puede ser muy injusta, no paraba de decirme esta frase una y otra vez.
En algunos países para bien o para mal la justicia está a favor de aquel que tenga dinero. Así que antes de que saliera el juicio en contra nosotros, por consejo de nuestro abogado, decidimos dar una gran cantidad de dinero al grupo policial del pueblo para que así el caso se cerrara rápidamente, quedando totalmente liberados del tema.
Lamentablemente, nunca pensamos en las consecuencias que esto nos podría traer más adelante. Con el tiempo, como era de esperarse esto se supo en todo el pueblo, entonces el desprecio de los isleños hacia nosotros aumentó una barbaridad. Pasamos a ser la plaga del momento, y por desgracia el asesino de Fernando andaba por allí libre y sin ser juzgado.
Pasaron los meses y tampoco pudimos rescatar nuestra clientela del Hotel, teníamos muchas deudas y muy mala reputación incluso llegamos a tener problemas con nuestros proveedores. Pedro no pudo soportarlo y cayó en una depresión muy grave; tanto así que hizo del alcohol su gran aliado. Nuestro matrimonio estaba derrumbándose poco a poco, no sabía qué hacer para solucionar nuestra mala situación y no pensaba dejarle cuando más me necesitaba.
Hasta que un día, un grupo de cristianos muy popular del pueblo logró convencernos de unirnos a ellos, eran tan elocuentes en sus discursos que nunca cuestioné nada acerca de sus métodos religiosos, pero gracias a mi instinto tampoco llegué a sentir ningún tipo de fanatismo como lamentablemente sucedió con Pedro. Mi objetivo era únicamente volver a encontrar la paz en nuestras vidas. Después de un tiempo, por petición de Pedro y del pastor de la iglesia; dejé de dar clases de baile, incluso me prohibieron ofrecerles a los niños huérfanos que con mucho esfuerzo había vuelto a recuperar. Según ellos esta actividad no aportaba ningún beneficio en nuestras vidas y parecía más bien un acto pecaminoso que no nos dejaba avanzar. Esta fue unas de mis peores decisiones que he tomado en mi vida, así que a lo único que me aferré con todas mis fuerzas en ese entonces fue a la idea de marcharnos de la isla, para así un día poder empezar de cero en otro lugar.

Familiares y amigos se alejaron de nosotros, quizás porque nuestro estilo de vida había cambiado por completo. El hotel empezó a generar gastos así que tuvimos que despedir al personal. Apenas nos quedaba un terreno y pocas joyas por vender. Más adelante el pastor logró quedarse con aquel terreno que estaba a nombre de Pedro, con su elocuencia le había convencido de que eso sería una gran donación

para la iglesia, el fanatismo de mi esposo nos terminó de hundir y lo peor es que no hacíamos nada para mejorar nuestra situación era como si nos hubiésemos dado por vencidos.
Para huir de la realidad, Pedro pasaba todo el día leyendo la biblia y yo limpiando el hotel, y adoptamos la costumbre de ir a misa todas las tardes para escuchar el sermón del cura. Cada vez que escuchaba hablar a Pedro y al pastor, era consciente de que nosotros no le importábamos en absoluto, él no sabía de seres humanos, sólo entendía de cómo estafar a personas vulnerables como nosotros. Ahora me arrepiento de no haber tenido el valor suficiente para enfrentarlo.
Un domingo cualquiera, nos vestimos para ir a misa temprano en la mañana. De repente, empecé a sentirme mal; así que decidí quedarme en casa para descansar. Mi esposo muy bien arreglado, agarró su biblia y se despidió con un beso en la frente y como de costumbre partió hacia la iglesia. Nunca imaginé que esa fuese la última vez que le vería.
Mariam hizo una pausa, agachó su cabeza, enseguida varias lágrimas empezaron a rodar por su mejilla, respiró profundo y continuó:
-Pedro estaba dentro de la iglesia cuando le dispararon por la espalda, por desgracia una de las balas le atravesó el corazón entonces cayó muerto cerca de los pies del pastor. La noticia enseguida se extendió por todo el pueblo, vagamente recuerdo de que alguien llegó gritando a la puerta del hotel para comentarme lo ocurrido.
Al principio creí que se trataba de otro maldito rumor, pero enseguida supe que era verdad, pronto averiguamos que la persona que había cometido el asesinato de mi marido era hermano menor de Fernando; que con tan solo 16 años se había convertido en un asesino. Él estaba convencido de que había vengado la muerte de su hermano sin saber que había logrado acabar con la vida de un maravilloso ser humano a quien amaba con locura. Aquel desgraciado acababa también de arruinar su propia vida sin necesidad alguna por culpa de rumores de personas ignorantes y envidiosas.
Parecía estar viviendo una terrible pesadilla, en la que no podía ni sabía cómo despertar; estaba quebrada emocional y económicamente, no tenía fuerzas para continuar ni más lágrimas para llorar incluso me encerré en una de las habitaciones del hotel por tres días junto con los recuerdos que había formado en vida con mi esposo, le echaba mucho de menos.
Después de varios meses de aquellas dos terribles pérdidas, una mañana, la familia de mi difunto esposo apareció para quedarse con el hotel; como Pedro no dejó testamento, el trámite a mi favor se complicó. Estaba tan cansada de mi vida y de aquel ambiente tan hostil que me rodeaba que decidí irme de la isla con lo único que aún me quedaba, mi dignidad y así poder empezar de cero, sin mi amado Pedro.

RELATO DEL TALLER DE:
Taller de Escritura Creativa

Deja una respuesta

Descubre nuestros talleres

Taller de Escritura Creativa

85 horas
Inicio: Inscripción abierta

Taller de Escritura Creativa Superior

95 horas
Inicio: Inscripción abierta

Taller de Autobiografía

85 horas
Inicio: Inscripción abierta

Taller de Poesía

85 horas
Inicio: Inscripción abierta

Taller de Literatura Infantil y Juvenil

85 horas
Inicio: Inscripción abierta