PENSAMIENTOS

Por Carmen Lozano

Veinticinco personas atentas a una pantalla. Nos explican algo de arte, en líneas. Es lo que veo una vez que he levantado la mirada. Andaba buscando el curso de escritura en el móvil. Quería saber si me habían corregido el ejercicio. Y si, la nota es buena, me ha gustado. Mejor dicho, me ha emocionado el profesor con su comentario. Pero volvamos a la clase de arte. Una de las puertas de acceso a la clase la tengo justo a mi lado derecho si estoy sentada y de frente a la mesa del profesor. En cambio, lo que vas a ver, tras mis palabras es la última fila (de las quince) de pupitres alineados junto con los asientos para seis alumnos cada una. La pared de enfrente de la puerta tiene grandes ventanas que dejan pasar la luz y el aire. Ese aire que necesito y la única manera de aguantar las dos horas y media de clase. Ya que nada más pasar y aunque voy cubierta o protegida por mi querida amiga “ la mascarilla “ percibo los diferentes perfumes de mis compañeros y eso es lo que me hace enfermar.
Quizás, el olfato ha formado siempre una parte muy importante en el día a día por la cantidad de sensaciones encontradas una vez llegado el aroma a el cerebro, amor, nostalgia repugnancia, asco. Por el olfato se puede describir toda una vida, un día, un instante, una persona… El problema de tantas fragancias o perfumes televisivos nuevos e inventados hace que nos olvidemos de nuestra esencia. Nos hemos vuelto tan limpios o tan pulcros que parece que nos empeñamos en camuflar con olores industriales, con ventas y sin parar en pensar los riesgos que nos producen en la salud. Parece que solo tiene cabida lo artificial, olvidando el primer olor que percibimos una vez en el mundo (el olor de nuestra madre) o el olor que nos hace volvernos locos de amor en nuestra primera relación, o en la segunda o la tercera…
Todos los olores nos llevan a un recuerdo vivido, vinculado a formas de vida con etiquetas disfrazadas de fantasmas que lo único que quieren son cerebros agotados incapaces de pensar y sentir si no hay una fragancia química detrás. Pero de esto hoy, no quiero hablarte.
Volviendo a la clase, de pronto, me siento observada. Miro hacia la puerta y en ese momento la persona que hay detrás, quizás no se esperaba que le mirase y ha cerrado bruscamente la puerta. Ese gesto hace que dirija la mirada y a prestar atención. No me gusta la clase. Es en inglés, subtitulada. Además, desde mi pupitre no consigo ver bien las letras y como lo que escucho no lo entiendo, me pongo a escribir. Busco el comienzo de un relato o quien sabe de una novela, cuento o poema. Miro al profesor, alicaído con las manos metidas en los bolsillos, las gafas le cuelgan del cuello con un cordón. Pienso; le gustará a él lo que nos ha puesto. Yo, ni entiendo, ni me entero. Pero me llama la atención, el interés de los compañeros. Hay debate, es lo que tiene el arte, que transmite emociones. El arte evoluciona, como la vida, nada le detiene. El arte, te atrapa, lejos de los marcos y cuadros a los que estamos acostumbrados a tener nuestras paredes o encima del sofá. Así es el arte conceptual. Para eso me ha servido la primera clase de hoy, para aprender una cosa nueva a pesar de no estar atenta.
Media hora tengo entre clase y clase, aprovecho en describir a un personaje también del taller de pelo blanco. Me acuerdo de mí querida amiga Beni que durante todo un año y una vez a la semana, o dos, o tres… Compartía con ella magia. Me encantaba hablar con Beni, mientras tejía. A pesar de sus 85 años, su sabiduría, te atrapada. Beni, de ojos azules como el cielo, apagados o más bien cansados. Siempre sentada en el mismo sitio del costurero de la Residencia de Mayores de las Hermanitas de los Desamparados, compañera de mi madre y amiga, aunque de pocas palabras. Siempre estaba tejiendo, y no lana, sino vida. Discreta y culta, así es como la conocí. Poco a poco fuimos compartiendo momentos. No pude despedirme de ella. Se marchó, en un abrir y cerrar de ojos. Me gustaba verla siempre al otro lado de la puerta de cristal. Siempre sentada en el mismo sitio del costurero. Educada y sensata de ojos azules como el cielo, cansados pero alegres en el momento de vernos, una vez o dos o tres a la semana. Siempre tejiendo a dos agujas y en el mismo sitio del costurero. Hacía de todo; patucos, bufandas o pañuelos. El caso era tejer y tejer a dos agujas. Mientras tejía, la vida le sonreía. “Beni, de pelo blanco y ojos azules como el cielo”. Cuando pienso en ella, me doy cuenta que no tejía lana, sino vida. Cuatro meses han pasado ya desde su marcha y la echo de menos. Me quedé con ganas de decirla “te quiero”. Solo sé que permanecerá viva, mientras la recuerde sentada “siempre en el mismo sitio del costurero”…
De nuevo, hora de clase. Toca economía y la profesora ha llegado pisando fuerte. Y no por los tacones que lleva haciendo juego color avellana de su melena semirecogida simulando una coleta, ni tampoco por sus grandes ojos verdes expresivos o por sus movimientos de manos mientras nos habla. Si no por el tema que nos ocupa hoy ”la segunda recesión”. Nos habla de la contabilidad en la gran empresa llamada España. Me gusta su forma de hablar y de explicar pero sobretodo de dirigirse a los alumnos. Y sí, soy alumna de la Escuela de mayores de Saramago de la Universidad. Un programa de tres años de duración. Este año curso segundo y me siento feliz como una perdiz y de venir cada tarde a clase. Gracias a ellas, estoy adquiriendo conocimientos de Arte, Música, Historia, Economía… He aprendido, que es un Estado de Derecho. Pero hay dos asignaturas que se llevan la palma, Literatura y Medio Ambiente. Son las que más me gustan. Y con las que me encuentro más identificada.
Me queda un año para poder hacer el acceso a la Universidad. ¿Quién me lo iba a decir?
Entre clase y clase un relato, un café, un amigo. Así son las tardes en la Escuela de Mayores. Y no, no soy mayor aunque sea alumna de esta escuela, porque nunca se es mayor ni para escribir, ni para aprender ni para vivir en la mejor escuela. La escuela de la vida, que mientras aprendes en ella, aprendes con ella.
Este es mi relato, esta es mi vida, este es mí día a día. Escribo cada momento a golpe de teclas de ordenador o en papel.
Mientras escribo dos horas en Saramago, sueño y consigo que la escritura me ayude cada día a seguir viva y no muerta. A estar despierta y no dormida. La escritura me calma, me embelesa, me lleva al interior, me envuelve. La escritura me llena, me encandila y es que mientras escribo, vivo.
Desde que escribo, la espera en el centro de salud dejó de ser aburrida. O la espera en la cola del supermercado o en el paseo diario para tomar el sol, el aire, la niebla o la lluvia.
Busco personajes, acciones, momentos, instantes que puedan llamar mi atención y pueda darles vida en un novela, en un relato, o en un taller. Me gustaría llegar a ser una buena escritora. No, mejor dicho; muy buena. Me gustaría llegar al lector. Me gustaría llegar al alma. ¡Me gustarían tantas cosas escribiendo!
Hace un tiempo la vida me dio un vuelco y gracias a ese vuelco creo que he encontrado algo que me apasiona. No sé, si novelas, relatos o cuentos, lo que sí sé, es que quiero seguir haciéndolo, bien con este taller o con otro.
Quiero seguir, seguir y seguir a hasta encontrar lo que quiero, lo que sueño y lo que me haga ser diferente. Hacer lo que me llena, lo que me dé la gana con las letras, las palabras, con el lector. Quiero que te ría, que llores, que te emociones, que lo compartas con tus amigos, familia o con quien quieras.
Quiero estar a tu lado mientras hojeas, mientras lees, mientras te diviertes, con uno de mis relatos, novelas o cuentos. Ya sean buenos o malos, pero que te hagan sentir. El caso es estar a tu lado y no de paso llena de polvo o apilada en un estante, escalera o trastero.
Quiero estar entre los grandes, con los que apasionan o con los que dejan huella en la literatura. Quiero estar en el estante del salón, del dormitorio, en la biblioteca o en la librería.
Quiero, ser escritora y no morir en el intento. Quiero compartir contigo cada momento, pensamiento e incluso sentimiento e imaginar que me estás leyendo y que además te gusta.
Quiero estar a tu lado y no en otro… ¿Y por qué no? Llegar a ser superventas e incluso o top mantas. Quiero que te llegue hoy, mañana y siempre. Esto es lo que quiero.
Quizás sea mucho, quizás no llegue a nada pero una cosa si tengo clara y es que mientras siga esta ilusión en mí, seguiré soñando, seguiré escribiendo. Ya sea dormida o despierta, pero seguiré… Si tengo que ser sincera, es lo que quiero.
Cuando me preguntan que soy, a que me dedico, siempre digo lo mismo; soy historiador, a lo que contesto; porque tengo mil historias que contar. Y eso es lo que me gusta pero a la vez me falta. Me falta darles buen destino, que lleguen, que dejen huella o se sea lo que tenga que ser, pero que lleguen. Así lo haré, por eso me esfuerzo cada día a golpe de tecla de ordenador y libreta.
Esto es lo que quiero, ser escritora y no morir en el intento…
Gracias por este taller y por estos momentos. Sé que me queda mucho por aprender pero lo intentaré mientras las ganas sigan vivas y me quieran leer. Tengo empeño, ganas e ilusión que según avanzo se convierte en pasión.
Me dice mi profesor, que “escribir una novela es un acto muy valiente que no mucha gente se atreve a hacer, que lo normal es que te dé vértigo con solo pensar que tienes que escribir más de doscientas páginas” y a lo que yo le contesto; claro que me da vértigo y estoy asustada, por no decir, que cagada de miedo, pero debo intentarlo, pues solo se vive una vez y mientras pueda seguiré…. Ya sea buena o mala, porque siento que estoy inspirada. Solo con vivir ya tengo la trama interesante de la novela.
Mientras escribo, no pienso, solo escribo y siento. Eso es lo que me hace sentirme viva y no muerta. Estoy convencida de que mientras escribo me mana del interior una magia que no pudo en este instante describir con palabras.
Tardé dos años en escribir mi propia autobiografía. Cuando la vi publicada no puede contener las lágrimas. Sentí lo mismo que cuando vi por primera vez a mi hijo en los brazos.
Así que te digo o mejor dicho te escribo y te dedico este poema a ti, que me estás leyendo:

Como cada mañana voy caminando por la vida
Muchas veces con la mirada perdida
Voy buscando el sol
Como si quisiera encontrarme con un nuevo día
Cada mañana me digo _¡Qué bonita la vida!
Puede ser un paraíso (es lo que pienso, mientras camino)
Me siento bien, estoy llena de buena energía
Quizás esté viviendo el mejor momento
Considero que nunca el tiempo es perdido.
No me doy por vencida
Pero te digo más;
Seguiré bailando con mi nueva amiga (la mascarilla)
Por ahí pegadas como pan y mantequilla
Para poder decirte cantando
No me daré por vencida.

Carmen Lozano

RELATO DEL TALLER DE:
Taller de Escritura Creativa

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Esta entrada tiene 5 comentarios

  1. Luz

    Me he quedado colgada en tu relato. Muchas gracias, porque me has hecho coger impulso.

  2. CARMEN LOZANO MOYA

    Me alegra ayudar con palabras viajeras… un abrazo sin perfume

  3. Monica

    Me he sentido identificada con tu relato Carmen, supongo que es una de las emociones que esperas despertar en tus lectores.
    ¡Animo con esa energia lo conseguirás!
    Un abrazo.

  4. maría del rosario

    Es un relato fantástico, vivir escribiendo soñando leyendo , amando todo lo mucho o poco que se pueda escribir, pero nunca dejar de hacerlo, y si un día se comprueba que eres buena, más que eres genial, que buena noticia tu corazón saltara, disfrutara, me ha encantado, felicitaciones.
    Abrazo

  5. CARMEN LOZANO MOYA

    Muchas gracias Mónica. Un abrazo muy fuerte sin perfume

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