QUE VUELVA LA IMAGINACIÓN – Nuria Espelt Pecanins

Por Nuria Espelt Pecanins

“Me aburro, no sé qué hacer”. Era la frase de Rai, un niño de ocho años de edad con unos grandes ojos marrones, cuando su madre, María, le decía que dejara la consola.
Rai tenía muchísimos juguetes: lego, coches, Rompe-cabezas, plastilina, play-móbil, entre otros.
– Mamá, juguemos un partido de fútbol en el comedor, por favor.
– Otra vez, Rai? Siempre estamos haciendo lo mismo. ¿por qué no jugamos con los legos?
– No me apetece
– ¿y si hacemos plastilina?
– Ya soy mayor
– ¿juguemos a los coches?
– ¡No, mamá, yo quiero jugar a fútbol!
Un día, María jugando al futbol en el parque con Rai y sus amigos se cayó y se rompió la rodilla. Aquel día cuando Rai tuvo que dejar la consola, se tiró por el suelo y acabó haciendo el tonto en su cuarto hasta que se durmió. Entonces, tuvo un sueño donde se le aparecieron todos sus juguetes:
Primero se le apareció el Lego y le decía:
– Estoy muy triste, nunca quieres jugar conmigo. Si me das una oportunidad podemos hacer muchas cosas; como hacíamos con tu madre. Si no, me iré de esta casa para qué así otro niño juegue conmigo.
En segundo lugar, se presentaron los coches. Ellos le dijeron:
– ¿por qué no juegas con nosotros? Cuando eras pequeño pasábamos muchas horas juntos y nos hacías rodar. – Incluso hubo uno que se quejaba que aún no lo había sacado a rodar.
En tercer lugar, se le apareció el play-móbil y le dijo:
– ¡Estoy aburrido de estar cerrado dentro de un cajón! Quiero irme a una casa dónde algún niño me utilice.
En cuarto lugar, se le aparecieron los rompe-cabezas:
– Nos sentimos encerrados dentro de nuestras cajas. Queremos salir de vez en cuando y de esta forma, ver la luz del sol. Nos haría mucha ilusión.
Finalmente, se le apreció la pelota de plástico:
– Estoy muy contenta que siempre sea tu primera opción. Pero ya soy vieja y te agradecería si, de vez en cuando, me dejaras descansar y jugaras con alguno de los otros juguetes.
¡Cuando Rai se despertó, se encontró con todos sus juguetes mirándolo! Se lavó la cara varias veces para saber que no estaba soñando aún. También se pellizcó para cercionarse de ello.
Era real! Los juguetes habían cobrado vida y le estaban mirando fijamente.
-Mamá! – chilló Rai-
– ¿qué te pasa? – Preguntó, María-
– ven, corre, tienes que ayudarme!

El lego que había sido el primero en hablarle en su sueño se le acercó:
– ¡Tienes que tomar una decisión, Rai! – le dijo.
– ¡Pero es una decisión muy difícil! Escoger a algunos y despedirse de otros.
– Me da Pena. Mamá ayúdame a decidir
– Mamá! Chilló Rai al ver que María no reaccionaba.
– Perdona, Cariño, dijo ella con una expresión de sorpresa.
Finalmente, tomó la decisión, con la ayuda de su madre, metió en una bolsa todos los rompecabezas y los playmobil. Pero se quedó con el lego y los coches, prometiéndoles que de vez en cuando jugaría con ellos.
Los rompecabezas y el playmobil estaban tristes porque los descartase.
– No estéis tristes, os llevo al colegio, los niños más pequeños jugaran con vosotros.
Pasaron los días y Rai aprendió a dejar la consola y las pantallas para jugar con el lego y los coches. Con la ayuda de María, montaron una ciudad de Lego donde había de todo, como en una ciudad real: Escuela, restaurantes, hospital, policía, bomberos, incluso, tenía un castillo y un campo de futbol. Y por las calles de la ciudad de lego circulaban los coches. Cuando necesitaba espacio en su habitación, Rai, desmontaba la ciudad. Pero enseguida la volvía a montar. Se lo pasaba genial jugando solo o con su madre. Y aunque todavía jugaba con la pelota de plástico, la dejaba descansar más a menudo, concediéndole así su deseo.
¿adivináis que hacía Rai al llegar a casa? – crear nuevas construcciones de lego.
En el colegio cuando era el momento del recreo Rai no estaba entre la multitud que corre jugando al fútbol. Rai, decidió llevar un lego para jugar con él durante el recreo; entonces un compañero de su clase a quien tampoco le gustaba el futbol ni el deporte en general, pues era muy patoso, se le acercó:
– Hola, Rai, ¿puedo jugar contigo?
– ¡Claro que sí, Jan! ¿te gustan los legos?
– ¡Me encantan! ¿tienes muchos, tu?
– ¡Sí!, tengo una ciudad entera!
– ¡Qué suerte! Mi familia no tiene mucho dinero y tengo pocos juguetes.
– Pues no te preocupes yo compartiré los míos contigo.
Jan y Rai cada día traían un lego para jugar durante el recreo y se hicieron íntimos amigos. Así muchas tardes, Jan iba a casa de Rai para jugar y merendar. Poco a poco su grupo de fans del lego se fue ampliando y muchos niños de otras clases se unieron a ellos y todos juntos creaban grandes aventuras. Muchas veces tenían que partirse en varios grupos para poder jugar mejor y en verano, en el recreo del mediodía, cuando el calor era insoportable hasta los más deportistas se unían al jolgorio del lego.
Cuando alguien le preguntaba a Rai qué regalo quería siempre pedía algún lego para ampliar su ciudad. El lego se convirtió en una pasión para Rai. Estaba alerta de las últimas novedades que salían al mercado. Ahora pasaba mucho más tiempo jugando con el lego que con las pantallas. Estas solamente las utilizaba para diseñar nuevas construcciones para su ciudad y cuando venían sus amigos, para jugar alguna competición. Nunca se cansaba de jugar. Sentía que allí era libre y podía hacer cosas que, en la vida real, no eran posibles. Cada fin de semana iba a la tienda de lego de su ciudad y tomaba ideas. Cada verano viajaban a Legoland. Ya fuese en Dinamarca o en Alemania. Era una cita obligatoria.
Rai fue creciendo y aunque iba cambiando de gustos, el lego era intocable. Siempre encontraba algún momento en su día a día para dedicar a su entretenimiento. Siempre lo tenía limpio y reluciente.
La colección de Lego de Rai era tan enorme y valiosa que un día recibió una llamada inesperada:
– ¿Diga? Respondió, María
– Buenas tardes, ¿vive aquí Rai Antúnez?
– Sí! Un momento, por favor
– ¿Quién és? Dijo Rai
– El director del museo del juguete
– ¿qué puedo hacer por usted, señor?
– Me gustaría que expusieras tu colección de lego en el museo
– ¿De verdad?
– Si a tu Madre y a ti os parece bien, sería un placer.
– Claro que nos parece bien! ¡Es un honor! Gracias
Así fue como Rai se hizo famoso y empezó a mostrar en exposiciones y ferias infantiles de todo el país y también internacionales su colección. Al ver que tenía tanto éxito, Rai decidió empezar a grabar pequeñas historias para compartir en las redes sociales y dar, así, ideas a los niños que, como él, se encontraran demasiado pegados a las pantallas. Las historias de las redes sociales tuvieron un éxito desbordante y Rai decidió crear un canal de YouTube para poder seguir su tarea educativa.
Cada día creaba diferentes historias y colgaba los videos en YouTube, tenía millones de seguidores. Los colegios le pedían que fuese a dar conferencias y a concienciar a los niños para sacarlos de la dependencia de las pantallas. Poco a poco Rai hizo de su pasión una profesión, aunque él seguía estudiando para ser arquitecto y diseñaba sus maquetas en lego antes de llevarlas a la realidad, así se imaginaba mejor sus proyectos. Sus construcciones eran muy sostenibles y se basaban en ser pequeños núcleos autosuficientes donde sus habitantes creaban comunidades cooperativas. Cada uno de ellos era esencial para el resto de la comunidad.
Rai y Jan se asociaron para hacer varios proyectos, ya que Jan se había especializado en decoración de interiores. Sus proyectos sostenibles crecieron rápidamente y tuvieron mucho éxito internacional. Cuando iban a ferias internacionales sus estantes eran de los más concurridos, pues la gente quería ver sobre todo sus maquetas de lego.
La fama de Rai y Jan con las maquetas de lego llegó tan lejos que un día recibió una llamada muy especial:
– ¿Diga? Respondió Rai a la llamada de un número desconocido
– ¿es usted Rai Antúnez?
– ¡Sí!, yo mismo!
– Soy el propietario de la marca Lego y quiero que trabajes para nosotros. Te hemos visto en diferentes ferias y seguimos tus trabajos.
– Será un honor. Señor. Un sueño para mí.
– Queremos que crees nuevos ambientes y atracciones en las diferentes legos house y en los legolands.
– Será un honor. Señor.
Así mismo su éxito internacional llegó hasta los estudios Marvel y a Hollywood
– ¿Hello? Jan respondió al teléfono
– Rai, ven, nos llaman de estados unidos.
– ¡Yes! Marvel estudios? ¿Qué podemos hacer para ustedes?
– Queremos hacer unas películas de lego y nos gustaría que vuestro equipo creara las escenas con vuestras maquetas.
Rai y Jan estaban alucinados del éxito que tenían. No paraban de crear proyectos en todo el mudo y sus equipos cada vez eran más sofisticados, tanto a lo que se refiere a adquisición de tecnologías como en número de personal que tenían al cargo por todo el mundo. Ellos dos se pasaban mucho tiempo viajando por el mundo para controlar el progreso de todos y cada uno de sus proyectos. Aunque les gustaba vivir con lujos siempre lo hacían, dentro de lo posible, según sus principios de respeto para el planeta y de la forma más sostenible. Formaban parte siempre de los foros para la conservación del planeta y aunque se sentían orgullosos de sus éxitos siempre buscaban mejorar. Eran muy humildes.
Su mensaje siempre era: con imaginación y esfuerzo ningún sueño es imposible y siempre respetando al entorno y a los demás.

 

 

 

 

 

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