CORAJE PARA CAMBIAR – Lidia Ahumada Barrera

Por Lidia Ahumada Barrera

Sara vivía en Tomares con su madre Clara. Después de que ella naciera, el padre las abandonó. Clara no paraba de llorar, no solo por el abandono de su primer amor, sino porque no dejó ni un rastro para que Sara contactara con él y ejerciera como padre.

La madre de Sara se sentía muy irritada, sobre todo en la oficina donde había trabajado con César. Clara teletrabajaba día y noche para cuidar a su hija en buenas condiciones. La llevó a unas de las mejores guarderías y, de vez en cuando, le daba algún capricho merecido. Los ratos libres los pasaban juntas en el parque o jugando a palabras encadenadas. Antes de dormir, le contaba un cuento a su hija.

Clara no podía imaginar que pronto su vida daría un vuelco. Ella no había podido olvidar a aquel canalla que las abandonó. Y la casualidad hizo que se encontrara con César después de siete años en una reunión de trabajo. Al verlo en la pantalla del ordenador le dio un vuelco el corazón, tuvo que apagarlo y se excusó de su ausencia en el trabajo diciendo que Sara se había caído. El encuentro provocó tan malestar en Clara que tuvo ideas suicidas, autolesiones y, finalmente, el intento de suicidio.

Mientras su madre estaba recuperándose en el hospital, Sara se quedó con su tío, el hermano de César. Clara no tenía ningún recurso ni económico ni familiar, y el tío no quería saber nada de Sara.

–Solo os he hecho el favor de cuidarla unos días, no quiero saber nada de vosotras dos –dijo el tío de Sara.

Clara, aún tomando la medicación pautada por el psiquiatra, seguía teniendo ideas suicidas. Se abandonó completamente. Era consciente de todo ello, por lo que tomó la decisión de dejar a su hija en un orfanato, mientras ella ingresaba en una institución mental para su rehabilitación.

“Tan solo tenía siete años cuando me sentí abandonada por segunda vez, aunque era diferente, mi madre me llamaba cada semana por teléfono. Antes de coger la llamada aguantaba la respiración y luego me mordía la lengua. Hablaba unos diez minutos con ella, de vez en cuando me decía que no recordaba que había tenido una hija y que la obligaban a llamarme. Así durante tres años. Fingía reírme, pero en esos momentos me recordaba el abandono de mi padre y que su enfermedad era debida a ello, y es cuando comprendía su locura.”

“Me palpitaba el corazón. La llamada de la semana aún no había llegado. Siempre eran los jueves, y ese día velé toda la noche por si tenía alguna noticia de ella. Pero no fue así, a los dos días me comunicaron la muerte de mi madre en muy extrañas circunstancias. No quería detalles, ya me había hecho a la idea de que a mi querida madre le había ocurrido algo. A pesar de estar en un psiquiátrico, era mi madre, y como tal, la quería con locura por todo lo que había hecho por mí. Deseaba tanto verla, que tuve varios intentos de fuga para ir a visitarla, pero todos fracasaron. En la verja que protegía el orfanato siempre me pillaba el guarda, por muy a escondidas que fuera.

Me dejaron salir solo para darle el último adiós a mi madre. La lápida estaba vacía pero le llevé un cuaderno en blanco, en el que le prometí un día que le escribiría una gran novela”

Sara solo pensaba en sobrevivir en aquella institución hasta los dieciocho años, pensaba que era muy mayor para que alguien la quisiera adoptar y poco a poco fue perdiendo la fe en ello.

Al principio Sara no quería estudiar, ni siquiera comunicarse con sus compañeros, y eso que cada uno tenía su historia dramática y Sara solía empatizar muy bien. Pero no comprendía el hecho de que la separaran de aquella manera de su madre, por lo que no comprendía lo que le habían hecho a sus compañeros. “El orfanato parece un castigo”. Al fallecer su madre se dio cuenta de que sin el orfanato ella no podría haber subsistido. Su madre estaba enferma sin poder trabajar, sin familia que las apoyase y sin recursos económicos. Su vida cambió, se refugió en los libros y en la escritura tras las clases obligatorias. Su tutora, a la cual le gustaba mucho la literatura le enseñaba técnicas de escritura de varios autores consagrados. Sara prefería  llenar su vida de alegría y fantasía a través de la lectura y de lo que llegaba a imaginar escribiendo. Todas las noches soñaba con ser una gran novelista, pensaba en nuevos temas para tratar y trabajaba las ideas para realizar sus manuscritos.

Al cumplir dieciséis años, Sara había perdido toda esperanza de ser adoptada y tener una familia. Consideraba a su tutora Beatriz como su madre y a su compañera Ana como su hermana.

La señora Mestrich, una costurera de gran prestigio en la alta sociedad, adinerada por su propio pie, hacía cinco años que se había divorciado pero no había tenido descendencia. La señora tenía unos cuarenta años que no aparentaba.

Llegó a sus oídos que en un orfanato de las afueras de la ciudad, había una niña con unas habilidades innatas para la escritura, Sara había conseguido algunos premios de literatura a su temprana edad y era envidiada por compañeros literarios de su edad y admirada por escritores consagrados. A la señora Mestrich le llamó mucho la atención y fue a visitar a Sara para conocer su temperamento y modales, no le importaba que fuera una adolescente, quería estar segura de su madurez para que poco a poco tuviera la oportunidad de ser aceptarla como madre.

“Esperaba desde la ventana junto a Ana la llegada de la señora que quería adoptarme. Me parecía tan extraño que el sueño que se había desvanecido en mi mente, volviera a resurgir, estando a la expectativa de qué querría la señora Mestrich de mí.”

“En cuanto la vi salir de su mercedes, me deslumbró su forma de caminar, su porte, su pelo negro encaracolado y el abrigo rojo que destacaba en aquel árido lugar. Mi tutora me incitó a que bajara las escaleras y me apresuré a ello.”

–¿Pelirroja? Y qué ojos más bonitos tienes… –dijo la costurera.

–Gracias, señora Mestrich. –contestó Sara.

–¿Sabes a lo que vengo? –le preguntó a la niña.

–A llevarme con usted, si soy de su agrado. –“dije, y a la vez pensé, trágame tierra, ¿no soy muy osada?”

–¿Quién te ha enseñado tan buenos modales?

–Mi tutora, señora

–¿Quieres venirte unos días conmigo?

“Pensé…¿unos días? ¿Pero no me quiere adoptar? Y sin querer lo pregunté”

–Este es el primer paso para la adopción, Sara. Tenemos que valorar que en un tiempo te hayas adaptado –contestó Beatriz.

–Espero que sea de tu agrado vivir conmigo. ¿Lo quieres intentar?

–Sí, claro –dijo Sara.

“Íbamos por la carretera con su mercedes y llegamos por un camino asfaltado a un gran cortijo. A mi me parecía una mansión. Entre las dos cogimos las maletas, una de ropa y la otra de libros. Subimos unas escaleras de caracol y entramos a una habitación. Dejé las maletas en el suelo y lo primero que probé fue la cama. Los colchones de los orfanatos eran muy duros, pero este era blandito y con una mosquitera que iba desde el techo a caer a las puntas de las patas de la cama. Cuando me quedé acurrucada, Mestrich empezó a reírse”

–¿Te gusta tu habitación nueva?

–Si, es preciosa y muy acogedora. Perdone mi atrevimiento por tirarme de esta forma. –le dijo Sara.

–Hija mía, puedes hacer las cosas que quieras. No me has faltado al respeto.

–Nunca había estado en una habitación así y menos en esta cama tan blandita. Es que en el orfanato…

–Shhh…Olvídate del orfanato, ahora tienes un nuevo hogar. –dijo la costurera.

Pasaron las semanas del proceso de adopción. Y finalmente, Sara se quedó en casa de la costurera.

–Ahora que ya hay confianza me puedes llamar Ángeles.

–De acuerdo. Ángeles, ¿entiende de literatura para seguir progresando en mis estudios?

–Yo no, pero me dijo Beatriz que ya tenías todas las bases para ser una gran escritora. Solo te falta leer más y yo te proporcionaré los libros que necesites. –le dijo Ángeles.

–Gracias. –contestó Sara.

–¿Me podrías dejar tus manuscritos antes de enviarlos a algún concurso para darte mi opinión? –solicitó, curiosa.

–Sí, por supuesto. A mí me gustaría ver las colecciones de trajes que realiza antes de llevarlos a confeccionar. –le dijo.

–De acuerdo, Sara será un placer.

Durante unos años, Sara se comportó como una hija ejemplar y Ángeles se lo agradecía.

–Mi querida hija, ¿cuándo le vas a escribir la novela a tu madre?

–¿A qué madre te refieres?

–Le prometiste a tu madre Clara cuando murió que le escribirías una gran novela. Y a tu madre Ángeles que la leería antes de presentarla a un gran concurso literario.

–Mamá, ¿me llevarías al cementerio donde está la lápida de mi madre para recoger el cuaderno?

–Sí, hija, tienes que afrontar tus miedos y conseguir lo que quieres en esta vida. –le respondió, encogiéndosele el corazón.

–A mí me gustaría ganar un premio importante y dedicárselo a mis madres.

–Tuviste el coraje de cambiar cuando murió tu madre. Continúa con él y consigue lo que deseas. Yo estaré siempre a tu lado.

 

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Esta entrada tiene 6 comentarios

  1. Ana

    La vida es muy difícil, pero nunca se pueden perder las esperanzas, cuando menos lo esperas puede pasar algo que te cambie por completo. Sara fue una niña luchadora y al final consiguió su recompensa.
    Estupendo relato.

  2. Manuela

    Un relato muy realista y actual. Me ha llamado la atención la positividad y el afán de superación de Sara, incluso aunque haya vivido situaciones realmente difíciles y duras en su vida.
    Muy recomendable su lectura. Enhorabuena.
    Te ánimo a seguir escribiendo en un futuro.

  3. Teresa Duque

    Me ha gustado mucho, llega al corazón!!

  4. Luz

    Relato auténtico, realista con un gran sentido de la vida por lo que me encanto por su sencillez y su forma de expresarse

  5. olga

    Me encanta el relato, es triste pero real

  6. Montse

    Conmovedor,transmite dulzura

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