HÉRCULES Y EL MISTERIO DE LA PELOTA VERDE – Mª Luz Soriano Radio

Por Mª Luz Soriano Radio

Hércules es alegre y juguetón. Tiene unos ojos muy negros y vivarachos, orejas puntiagudas y peludas, y una nariz que parece una trufa de chocolate pero que puede detectar olores a kilómetros de distancia.

Sí, Hércules es un perro peludito de color castaño dorado, muy chiquitín. Aún así, es  capaz de dar unos saltos increíbles. Y, sobre todo, es muy inteligente y valiente.

Todos los días sale a pasear con su mamá humana por el parque de perros de su barrio. Allí se encuentra con sus amigos perrunos, con los que juega, corre y brinca por el césped y los arbustos.

Su mejor amiga es Petra, una enorme pastor-alemán que de joven fue policía y atrapó a delincuentes muy peligrosos, gracias a su prodigioso olfato. Ahora, como ya es una abuelita, está jubilada y vive con la familia humana que la cuida.

El gran sueño de Hércules es convertirse en un gran detective para descubrir misterios y atrapar malhechores.

Su amiga Petra le enseña a rastrear huellas y técnicas especiales de sabueso. A diario en el parque entrenan juntos siguiendo pistas imaginarias y husmeando por los rincones.

Hércules también tiene otros amigos perrunos: la pequeña Pepa que tiene un pelo que parece algodón de azúcar, blanco y esponjoso; Coco y Pancho, dos caniches muy, muy locos; Nana, la vagabunda que fue adoptada por la abuela humana que siempre lleva los bolsillos repletos de chuches para perros; Tom, un cachorro labrador, muy grandote, que no para de brincar y arrasa con todo a su paso; y Marco, Tintín y otros muchos.

Un día, al llegar al parque, Hércules observó que había un gran revuelo. Pancho lloraba desconsolado, los demás perros corrían nerviosos de acá para allá, y los humanos miraban atónitos, sin comprender. A Pancho tuvieron que llevárselo a rastras a casa, aullando.

¿Por qué lloraba Pancho?

−¡Le robaron su pelotita verde! −ladró Pepa y añadió− ¡yo sé quién fue!

−¿Has visto al ladrón coger la pelota? −preguntó Hércules con asombro.

− ¡No! −confesó Pepa− pero Coco siempre se la quiere coger.

−No se puede acusar a nadie sin pruebas, Pepa −desaprobó Hércules. A continuación, se rascó una oreja con la pata trasera, cosa que siempre hacía cuando pensaba, y propuso− ¿por qué no buscamos la pelota?, quizá solo se haya extraviado.

Todos los perros ladraron entusiasmados y empezaron a corretear a lo loco por el parque.

−¡Qué desastre! Aquello era un caos, así jamás encontrarían la pelota verde ni nada −pensó Hércules.

De pronto se oyó un fuerte y autoritario ladrido: ¡alto!, y todos se pararon.

−Todos en fila −ordenó Petra −vais a moveros al unísono y sólo cuando yo os diga. ¡Entendido!

Todos asintieron con la colita.

− ¡Olfatear, mirar!, ¡olfatear, mirar! – dirigía Petra- y si encontráis algo, movéis la cola, nada de tocar ni lamer, ¡entendido!

Hércules suspiró aliviado, agradeciendo la presencia de Petra, solo ella podía manejar a esa tropa de peludos chiflados.

Bajo la diestra dirección de Petra, aquella pandilla de perritos traviesos peinaba concienzudamente el parque en busca de la pelotita verde de Pancho.

Nana encontró la pelota bajo unos arbustos, completamente destrozada y tapada con un poco de hojarasca.

Todos se acercaron expectantes, pero Petra les impidió aproximarse y marcó un perímetro de seguridad para evitar que los inquietos perros lamiesen y pisoteasen las pruebas. En seguida, Hércules comenzó a olfatear la zona milímetro a milímetro para averiguar qué había sucedido.

Cuando terminó de explorar, llamó a los perros para contarles lo averiguado.

−La pelota verde está completamente destrozada, alguien la tapó con hojarasca de forma precipitada. También encontré huellas de patas pequeñas. −concluyó Hércules.

Los perros se alteraron mucho y Hércules añadió −Ahora tendré que interrogaros a todos.

− ¿Sospechas de nosotros? −ladró indignada Pepa.

−Os interrogo en calidad de testigos −aclaró Hércules.

−En ese caso, ¡yo primera! −dijo toda dispuesta Pepa, saltando y meneando la colita. Luego empezó a largar sin pausa −fue Coco, él siempre quería coger la pelotita verde de Pancho, se peleaban continuamente por la pelotita, era el juguete preferido de Pancho, vi a Coco merodear por los arbustos…

−Gracias Pepa, has sido de mucha ayuda−la paró Hércules.

El siguiente en declarar fue Coco, que negó rotundamente haberse peleado con Pancho por la pelotita verde y, por supuesto negó haberla robado.

− ¡Solo es un juego! −afirmó− si Pancho y yo somos super-mega-amigos.

− ¿Qué hacías junto a los arbustos? −preguntó Hércules.

−Caca −dijo Coco, un poco azorado.

−¡Ji, ji, ji! − se retorcieron de risa los demás perros.

−¡Silencio! −intervino Petra para mantener el orden.

−¡Que venga Nana!- dijo Hércules, conteniendo también la risa.

−Coco vino a pedir chuches a mi abuelita humana porque es un goloso y luego le vi hacer caca en el césped; Pancho perseguía un bicho y tropezó con Marco, que le gruñó; Pepa trataba de subirse al regazo de su humana; Tom cazaba algo debajo de los arbustos y luego vino a por chuches, pero es un bruto, empujó a mi abuelita humana y casi la tira al suelo− relató con detalle Nana.

−Muy bien, Nana− agradeció Hércules, y luego llamó a Tom.

−Estuve corriendo detrás de un gato −confesó Tom mostrando una gran sonrisa, que enseñaba sus grandes colmillos.

− ¿No fuiste a pedir chuches?

− ¡Ah!, sí−y volvió a sonreír dejando ver sus colmillos, de nuevo.

−Gracias Tom, tu sonrisa lo revela todo.

Hércules, se rascó la oreja con la pata trasera, estaba pensando. Luego llamó a los perros.

−En este crimen hay varios implicados y cada uno tendrá que explicar por qué lo hizo y por qué calló − y añadió, −en la escena del crimen aparecieron huellas de perro pequeño.

Los perros asombrados se miraron entre sí, ¿de quién serían esas huellas?.

−Son de Coco −afirmó el pequeño detective Hércules.

Ahora todas las miradas se posaron en Coco, mientras Hércules proseguía – él afirmó haber hecho caca en los arbustos, pero mintió, porque allí no había rastro de heces, además Nana lo vio haciéndolo en el césped.

− ¿Fue Coco el que destrozó la pelota? − se cuestionó en voz alta, Hércules − No lo creo, porque la pelota estaba hecha trizas y un perro pequeño no tiene  fuerza suficiente para semejante estropicio.  ¿Por qué mintió Coco?

−Encontré la pelota rota, pensé que me iban a echar la culpa a mi porque siempre intento quitarle la pelota a Pancho, me asusté y tapé los trozos con hojas y tierra para que nadie la encontrara. −confesó Coco avergonzado.

− ¿Quién fue entonces? −preguntó Pepa desconcertada.

Hércules se paseó por delante de los perros. Luego miró fijamente a Tom.

− ¿Tienes algo que contar?

− ¿Yo?, nada − murmuró Tom con la cabeza gacha. Todos se dieron cuenta de que ocultaba algo.

− Tom −le susurró Hércules − nadie se va a enfadar. Sabemos que no fue a propósito.

− ¿Cómo lo has sabido? −preguntó sorprendido y azorado, admitiendo así su culpa.

Todos se preguntaban cómo lo había averiguado Hércules.

−Como no te has cepillado los dientes, se te ha quedado un trozo de pelota verde entre los dientes y tu sonrisa te delató. −le regañó Hércules.

−Fue sin querer. Estaba jugando por los arbustos y encontré la pelota, la cogí en la boca y se rompió, no sé cómo pudo ocurrir porque apenas apreté. Tuve miedo. No quería que os enfadaseis conmigo. Siempre decís que soy un bruto y que lo rompo todo. −confesó llorando Tom.

Hércules les recordó a todos que siempre es mejor reconocer los errores y nunca tener miedo a decir la verdad. Y… cepillarse los dientes después de comer.

Todos los perros lamieron a Coco y a Tom para consolarlos porque a pesar de todo eran sus amigos y a los amigos siempre se les perdona.

 

 

 

 

 

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Fabiana

    Precioso, me ha gustado muchísimo. Felicidades

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