LA NOCHE DE LAS DAGAS REBELDES – Ruth Celeste Cruz Rama

Por Ruth Celeste Cruz Rama

A Amapola, diosa absoluta de nuestros fogones

En el año 99 del siglo XX, la diosa Amazeus ni imaginaba lo que terminó con una frase: “os dije que sólo había que secuestrarlo”.

I
Tiempo antes, Amazeus, quien amaba profundamente la cocina, había creado su mundo para que los jóvenes aprendieran los secretos del buen comer y de ese modo deleitarse en su mayor placer. Para componerlo, puso al frente a cuatro de sus hijos. La primera en ser llamada fue Baldomisa, diosa de la tierra, que dio sustento, forma y equilibrio al mundo. Después, contó con su hijo mayor, Apolairo, quien a pesar de su avanzada edad insufló el aire puro. Luego llegó el turno de Fregaidón, cuya labor era la de aportar agua a las elaboraciones culinarias y, por supuesto, a la higiene. Dejó para el final la labor más importante para el más amado de sus hijos, Hefogón, responsable de mantener siempre encendida la llama de todo este mundo recién creado.
Bajo su influencia, la cocina de Amazeus evolucionó, sostenida en tres núcleos principales: la Ciudad de las Ollas, la Ciudad de Cristal y la Ciudad de los Cubiertos. Los días para todos ellos eran largos y duros, pero Amazeus disfrutaba enseñando a los aprendices todos sus conocimientos, que eran muchos, y cada noche se deleitaba con sus exquisitas elaboraciones. Todo su mundo funcionaba como un reloj y confiaba plenamente en el buen hacer de su hijo Hefogón, a pesar de sus estallidos de mal humor que dejaba a más de uno chamuscado.

Tras una de esas largas jornadas, Hefogón reunió a sus hermanos:
-Estoy preocupado, llevo un tiempo escuchando murmullos sobre la Ciudad de los Cubiertos. No son felices y temo una rebelión. Apolairo, ¿no has oido nada?
-Pues si te digo la verdad, estos días he tenido problemas con mi trompetilla…
-¡Será posible, hermano, eres el dios del Aire, arréglalo! -espetó Fregaidón enfadado- También yo llevo días escuchando rumores. No quería decir nada por temor a tus fogonazos, pero todo apunta a que los cubiertos están hartos del trato denigrante que reciben y que no hagamos nada. Si hablan con vajillas y ollas…
-¿No creéis que lo mejor es decírselo a Amazeus? Quizá ella interceda por los cubiertos y aplaque la situación -dijo Baldomisa-. Hefogón, hermano, debes intentarlo al menos.
-¿Yo? ¿Porqué debo ser yo quien hable con Amazeus? Ella creó cada elemento de este mundo con una función. Los cubiertos tienen su destino, como todos, y deben cumplirlo. Ya la conocéis, es sumamente exigente y no transige si al buen comer se refiere. No, yo no me atrevo…
-¡Cómo que no! Ella depositó en ti el mayor de los pesos, confía en ti más que en el resto de nosotros. No puedes negarte y ¡no te pongas tan encendido! -dijo Fregaidón, acariciando con manos de agua a su hermano en un intento de calmarlo.
-Está bien, está bien, hablaré con ella. Pero antes, acercaos a la Ciudad de los Cubiertos y averiguar qué traman y qué quieren, id vosotros, Apolairo y…
-¿Puedes repetir lo que has dicho? – interrumpió Apolairo sacudiendo la trompetilla y llevándola una y otra vez al oido.
-¡Qué te vayas a tomar viento!

II
No todas las ciudades eran iguales. Dentro de un límite, Hefogón había permitido la libertad de que cada ciudad decidiera su forma de gobierno. Si bien la Ciudad de las Ollas y la de Cristal se habían decantado por una suerte de república, la de los Cubiertos era gobernada por un tripartito de los sindicatos mayoritarios. Así, Cuchella Guevara era la cabeza del sindicato cuchillero, el sector más radical, a quien no le temblaba el pulso a la hora de cortar por lo sano; Kan-Tenaz era representante de los tenedores, conquistadores natos que pinchaban aquí y allá todo lo que se dejaba trinchar; y Lutheria Regina, una redonda y suave cuchara dirigía al sector cucharero, tolerante y pacífico, que disfrutaba de lo lindo siendo el centro de todas las salsas.

Cuando Apolairo y Fregaidón llegaron a la central de mando en la Ciudad de los Cubiertos encontraron, sentados a la mesa principal, a los tres representantes dando un discurso. Los hermanos decidieron que sería mejor pasar inadvertidos entre el público y escuchar qué decían.

-Debemos pedir audiencia con los dioses. Trasladémosle nuestras peticiones a Hefogón antes de iniciar cualquier otra acción. Debe prevalecer ante todo la paz y la fraternidad – aclamaba Lutheria Regina con el apoyo de sus cucharas.
-¡Hefogón, ja! Dejad de soñar, los dioses no van a hacer nada por nosotros. Ellos nos golpean y maltratan todos los días. Los cuchillos nos matamos a trabajar hasta que acabamos mellados y ¿entonces qué hacen? ¿Nos afilan? ¡No! -Cuchella Guevara se pone en pie, enfurecida- ¡Nos eliminan, los muy fascistas! ¡Los cuchillos preferimos morir afilados que vivir mellados! ¡Viva la revolución!
-Señores, señores, por favor, un poco de calma. Por mi parte, creo que lo mejor será intentar llegar a un acuerdo. Si después, todo continúa igual, será el momento de pensar en medidas más contundentes. Ten en cuenta, Cuchella, que la revolución conlleva el metal de nuestros compatriotas. Muchos de nosotros tenemos familia. Yo mismo tengo dos cucharillas que aún no saben ni disolver azúcar. Y no olvidemos que, ahora mismo, la Ciudad de los Cubiertos es la única que se está movilizando. Lo primero será recabar más apoyos -insistía Lutheria.
-La Ciudad de Cristal está casi convencida. Con su apoyo ¡venceremos! – aclamaba Cuchella ante una sala enardecida.
-Viendo cómo está el ambiente, propongo comunicar las siguientes reivindicaciones: Jornada de trabajo de ocho horas, Seguridad Social con operación de afilamiento gratuita y un régimen de jubilación anticipada con creación de residencias para ancianos cubierteros. ¿Estáis de acuerdo o deseáis añadir algo más, Kan-Tenaz?
-Apunte, apunte, operación gratuita de limpieza entre dientes…
-Los dos sectores están de acuerdo en presentar las condiciones, son mayoría y acatamos su decisión. Pero de no conseguir que se cumplan las reivindicaciones -volviendo a levantar el puño- ¡nos levantaremos contra los dioses!.
Fregaidón escuchaba atento y con preocupación todo lo dicho en la reunión, pero Apolairo, resoplando ante la frustración de no enterarse de la mitad, había llamado la atención y su presencia corrió como una tormenta de granizo por la sala.
-Por lo visto, nos comunican que ya no hará falta trasladarles nuestras reivindicaciones a los dioses, pues han estado presentes durante la reunión, así que, cubiertos, que cada cual marche a su cajón y se levanta la sesión.

III
A la mañana siguiente, Amazeus relató a sus alumnos un sueño que había tenido: “He soñado que el fogón hablaba y era un dios. Me decía que estaba preocupado porque los cubiertos se habían rebelado ante vuestro trato. Piden una serie de reivindicaciones como la Seguridad Social o la jubilación. Pretendía el fogón que limpiásemos los dientes de los tenedores, afiláramos los cuchillos todos los días y que no los tiremos cuando ya no sirvan. Esto os lo cuento para que cuando seáis cocineros y no alumnos, no os obsesioneis como yo, ¡hasta el punto de charlar con el fogón!”
Y todo esto lo contaba la diosa en la cocina grande a unos alumnos muertos de risa, mientras los cubiertos, escondidos en sus cajones, no perdían detalle.
-Os lo dije, el palurdo de Hefogón no ha conseguido más que se rían de nosotros. Es hora de acabar con todo esto -gritó Cuchella.

IV
Los tres representantes de Los Cubiertos acudieron temprano a la Ciudad de Cristal pensando que sería la primera en prestar su apoyo. Pero aquella ciudad se caracterizaba por su gran diversidad y la unión era complicada. A favor estaban los platos y vasos comunes y algunas fuentes, pero los pertenecientes a la Vajilla de Ocasión no querían ni hablar del tema, puesto que rara vez trabajaban y recibían un trato de favor por parte de los aprendices. Aún así, la mayoría votó a favor y, saliendo de la ciudad, comentaban su contento, aunque no sabían muy bien qué papel jugarían unos ciudadanos que morían con un golpe o una caída…
Se sumó a la comitiva el gobernante de la Ciudad de Cristal, Vidrieras y su esposa, Anaporcel. De camino a la Ciudad de las Ollas, Cuchella explicaba al matrimonio la importancia de conseguir el apoyo de la Ciudad de las Ollas que, aunque con pocos habitantes, eran grandes y fuertes.
Al llegar, fueron recibidos por Rondón y su mujer, Marmita, elegidos como gobernantes por ser los más grandes, resistentes, antiguos y útiles de toda la ciudad, aunque había un pero, y no pequeño: eran creyentes hasta las asas. Amigos íntimos de Hefogón, ellos, y sus conciudadanos, charlaban con él a diario. Así, cuando pronunciaron la palabra revolución, Rondón llamó a sus escoltas y a sartenazos los echaron de la ciudad.

Tras la expulsión -¡y de esa forma!- de la Ciudad de las Ollas, Anaporcel convenció a su esposo para que no participara en la revuelta. Ellos eran más de aparecer en la mesa rosa por sus curvas y sus grabados, aquella guerra no les convendría nada para mantener intacta su imagen. Y lo consiguió.
-Y bien, ¿porqué me has hecho venir a solas? -preguntó Lutheria a Vidrieras.
-Quisiera comunicarte que hemos decidido no apoyar la revolución que planteáis. Es demasiado peligroso para nosotros y nuestro pueblo y, al fin y al cabo, no duraríamos mucho en batalla. Te lo digo a ti y a solas porque tus compañeros dan miedo y no queremos represalias.
-¿Nos dejáis solos…?
-Lo siento… Además, las reivindicaciones son vuestras. Aunque lucháramos, lo único que conseguiríamos es perder cristales y porcelanas…
Lutheria Regina se marchó, cabizbaja, pensando que llevaba razón, que aquella locura no lograría nada bueno. Esperaba que sus compañeros, ahora que se habían quedado solos, lo comprendieran, pero ocurrió todo lo contrario. Los gritos de los cubiertos se oían por doquier, golpeando con sus mangos las superficies como baquetas llamando a la batalla. Fuera de sí, Cuchella Guevara aprovechó el momento y propuso secuestrar a Hefogón durante la noche y esconderse en su palacio hasta la mañana, a la espera de Amazeus y sus aprendices. Entonces, no tendrían más remedio que cumplir con sus peticiones. Era un plan perfecto.

V
Al caer la noche, los cubiertos salieron cautelosamente de sus cajones. Formados en escuadrones, fueron colocándose en sus posiciones rodeando la residencia de Hefogón. La escuadra primera a la derecha, formado por treinta cucharas y treinta tenedores; la escuadra segunda, igual a la anterior, a la izquierda; la escuadra tercera, la mayor, en el centro, con sesenta cuchillos bien afilados. A la cabeza de cada uno, por orden, Lutheria Regina, Kan-Tenaz y Cuchella Guevara. A las 23:59 comenzaría el avance.
Mientras, Rondón hablaba con urgencia con su dios.
-No se preocupe, mi querido amigo, gracias por avisar. Por si acaso, ya se han movilizado las tropas para protegerme de cualquier imprevisto. Fregaidón ha dispuesto agua a discreción para las secciones militares de fregonas, y los mandos de líquidos Plus Ultra han participado activamente en la organización. Si ocurriese lo que usted espera, estamos preparados.

Las 23:59h: Comienza la avanzadilla. La escuadra tercera divisa en la oscuridad el ejército de los dioses.
“¡Esperen! ¡Deténganse! -interrumpió Cuchella-. Hay que acabar con el ejercito para poder llegar a Hefogón. Nosotros cortaremos cepillos y fregonas. Las escuadras 1 y 2 que se encarguen de volcar los tanques Plus Ultra. Recuerden, mantengámonos unidos y trabajemos en equipo y en silencio”.
El ejército de escobas y fregonas, dormidos en sus puestos, comenzó a notar un cosquilleo. Muchos despertaron demasiado tarde, otros quedaron trasquilados. A duras penas, un sargento de escobones consigue llegar al puesto donde los capitanes planificaban con urgencia la estrategia.
-¡Mi capitán, nos han sorprendido, ya están aquí!
-Pero ¿qué le ha ocurrido, Sargento?
-¡Mi capitán, nos sorprendieron! Hay muchas bajas, yo me libré por los pelos.
-Y mi ejército, ¿qué sabe de él? -preguntó ansioso el Capitán Fregón.
-Lo siento, señor. Tengo entendido que las fregonas se han perdido todas y el escuadrón de cubos también… A estas alturas, deben estar entrando por la puerta de palacio.
Mientras tanto, un grupo de cuatro tenedores hacía palanca para poder abrir la puerta del horno.
-¿Cuántas bajas en su escuadra, Kan-Tenaz? -preguntó Cuchella.
-Me quedan doce tenedores y diez cucharas. A Lutheria la hemos perdido. Ninguna cuchara ha sobrevivido, pero veinticinco tenedores continúan conquistando territorio.
-Bien, sólo he perdido diez cuchillos, pero eran los de Albacete, ¡los mejores! Contamos con diez cucharas, treinta y siete tenedores y cincuenta cuchillos para derrotar a Hefogón. Primero, le secuestraremos para presionar a la Diosa. ¿Entendido? No hay que cortarle, ni trincharle, ¿oído?

VI
Amazeus, al entrar en su mundo aquella mañana, se llevó un susto de muerte.
-¡Nos han robado en la cocina!
Profesora y alumnos contaron las pérdidas.
-¡Qué extraño! Amazeus, no parece que falte nada, sólo han cortado cepillos y fregonas…
-Sí… y han destrozado casi toda la cubertería… ¡Qué desastre! -dirigiendo sus palabras a los alumnos-. ¡Escuchad! los cepillos y fregonas son necesarios, así que habrá que comprarlos, pero al menos para este curso, la cubertería no se podrá reponer puesto que no hay presupuesto suficiente. Procurad que no se pierda ni se estropee ninguno más, sobre todo las cucharas, que tenemos las justas. Limpiaremos todos bien. Los cuchillos, afilarlos. Y los que no sirvan, por favor, no los tiréis, ¿de acuerdo?
-Amazeus, creo que el fogón también se lo han cargado… ¡Qué bestias, está lleno de cortes!

-Os dije que sólo había que secuestrarlo…

FIN

RELATO DEL TALLER DE:
Taller de Escritura Creativa

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Araceli

    Nos h la encantado esta genialidad de relato!!!!!😍😍😍😍😍😍 Bravo por su autora!!!!!👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼

  2. Lola Hurtado

    Me ha encantado. Se me ha hecho corto.
    Bravo por la «peque» Celeste (aunque ya tenga sus añitos para mí sigue siendo la peque).
    Está claro que la mejor escuela de escritura la ha tenido en casa. Ya me extrañaba a mí que ninguna hubiera emulado al papi. Un besazo para todos.

  3. , lal⁸l

    Me ha gustado mucho Celeste. Es sumamente original y divertido, tanto la trama como los personajes, simpáticos y divertidos. Me gusta también mucho la dedicatoria que haces a Amapola. Que no sea éste el único escrito con el que nos sorprendes tan agradablemente.
    Un abrazo muy fuerte
    Pepita

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