MOMENTOS – Mª Carmen Paz Maldonado

Por Mª Carmen Paz Maldonado

Momento feliz

Llegando a la adolescencia mis sentimientos y emociones iban siendo más definidas, podía ponerles nombre y hasta calibrar su intensidad. La felicidad era siempre desbordante como cuando viví aquello que me llenó de nuevas y maravillosas sensaciones: el primer beso.

Creo que la primavera tuvo mucho que ver en esto. Anochecía y él me acompañaba hasta casa como en tantas otras ocasiones. Hablábamos de mil cosas, siempre lo hacíamos, pero en aquella ocasión las palabras fueron dando paso al roce de los dedos, a las miradas sugerentes, a los deseos que ambos sentíamos y sucedió. Me atrajo suavemente hacia sí rodeando mi cintura con sus manos y su boca se unió a la mía en un beso largo, dulce, apasionado al que yo respondí tímidamente pero deseosa de que ese momento no acabara nunca.

¿Cómo hablar después de aquello, qué decir si todo ya estaba dicho? Nos despedimos con un abrazo, yo entré a casa corriendo, aunque creía volar: me habían besado como en esas películas que tantas veces veía embobada pensando que nunca llegaría para mí algo así.

En mi cama, abrazada a mi almohada, revivía una y otra vez lo ocurrido. No quería dormirme por miedo a despertar y ver que todo había sido un sueño, pero no, no lo era, su perfume y su calor seguían en mí.

Ese perfume y ese calor que aún hoy llenan mi vida.

 

 

Momento infeliz

Pérdida, esta palabra encierra tanto dolor, tanto llanto, tanta soledad…La he vivido en muchos momentos de mi vida y siempre pensé que las pérdidas llegan sin avisar y nos dejan la sensación de algo inconcluso, algo que no se dijo, algo que no se preguntó, algo que no se escuchó.

Recuerdo una que despertó en mí gran desazón: la muerte repentina de una amiga. Al saberlo comenzaron a rondar en mi cabeza todas las preguntas que comienzan con por qué, cómo, dónde y casi ninguna tenía respuesta. La incertidumbre rodeaba todo, sentía la necesidad de indagar, investigar, rastrear en los últimos mensajes del móvil para ver si encontraba algún indicio, una pista que me llevara a descubrir si ella había podido sentir la llegada de la muerte, pero nada.

En lo más hondo de mí sentí también que, de alguna manera, perder a alguien querido, como Mirta, es perder una parte nuestra, algo muy íntimo que hemos compartido y que ella se ha llevado sin pedir permiso, eso me enfadó un poco.

Sentí tristeza, desilusión, vacío, como un frío interior que me helaba el alma y sabía que solo ella hubiera podido calmar con una palabra, pero no la pronunció…

 

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