QUIMERA DE UN SUEÑO – Irene Legaz Conte

Por Irene Legaz Conte

Siendo una marioneta entre tus manos, me odie. No puedo culparte. La extravagancia y frenesí. Daban paso a unarealidad, demencial y descompuesta.

Mi corrupto interior, carente de cualquier sentimiento, te había traspasado por completo. Vomitando en ti, mi peor versión.

Lentamente pasaban las horas. Mientras miraba por la ventanilla, sentí nostalgia. Un suspiro ahogado en mi garganta luchaba por salir. En mi decadente conducta, sentí una punzada de culpa que me atravesó por completo.

Devolviéndome, a esta realidad infértil y carente de compasión.

Me dolía en lo más profundo, cada una de las heridas que había marcado en tu cuerpo y en tu alma.

Mi carencia total de sentimientos, saber utilizar cada una de mis fortalezas, conseguir mi única meta, ese era mi objetivo.

Me sentía poderosa en mi particular infierno, mi naturaleza voraz, y egoísta, me hacían actuar así. Sintiéndome pletórica en cada una de mis hazañas, seguía alimentando ese ego pernicioso, que habitaba en mi interior.

Lo supe desde niña. Siendo mujer comprendí, que yo, a diferencia del resto, había nacido con un propósito claro.

Llenar este vacío existencial, alimentándome del sufrimiento de otros. El dominio absoluto, en cuerpo y alma, de lo que para mí eran solo despojos humanos.

 

Entonces en mi caótica existencia, apareciste tú. No eras

diferente al resto, pero había algo en ti tan potente, que

despertó sin remedio, mi demonio interior.

Cuando comprendes, que sencillamente eres un monstruo vacío, con un interior reseco y pútrido, solo te quedan dos opciones, suicidarte poniendo fin a esa agonía, o alimentar a la bestia interior con el sufrimiento de otros.

¿Era posible que yo, encontrase la redención a través de lo que llamáis amor?

Esa pequeña luz, me hacía recobrar la esperanza, llegar a formar parte de tu maravilloso mundo y no contaminarlo con el mío. Era la primera vez, que realmente deseaba formar parte de ese algo, que tú, con gran entusiasmo me ofrecías …

El tren, nos alejaba cada vez mas de nuestro particular infierno. Esta huida hacia delante, es sin remedio, otra de las miles de excusas que tengo, para no dejarte. Al justificarte, una sensación de repugnancia me subió desde el estómago. Ese sabor rancio, inundó mi garganta hasta llegar a mi boca.

Contuve el aliento para no vomitar en ese instante, dándote la satisfacción de saberte ganador.

Me sentía mareada. El calor de la habitación era sofocante, no sabía si estaba viviendo un sueño, o toda esta locura era real.

Ese ambiente denso, mezcla del amor, y el odio que te proceso, ayudaban en poco a recuperarme.

 

Mientras buscabas tu propio beneficio. Sentí tus pesadas cadenas, condenándome una y otra vez. Perder completamente la voluntad, y deshacerme en este mar, eran lo único que mantenía a flote, la poca cordura que me quedaba.

Te habías convertido en el monstruo que anida en mi interior, tomando forma en ese amasijo de boca, pelo, dientes, carne, y piel que eras ahora.

Levanté la mirada lentamente hacia ti, temeroso de tropezarme de nuevo con la tuya.

Emitías un gruñido, como el animal acorralado que eras en esos momentos.

Tu voz rota y agreste resonaba en mi cabeza. Me mirabas con aversión, tus ojos inyectados en sangre me hicieron temblar.

La dilatación resulta pesada, cuando tus propios pensamientos, se van ahogando en un incesante oleaje. Son pequeñas notas musicales, que se diluyen para no regresar, quemándose junto a mis últimas esperanzas.

No por ello dejé de sentirme condenado a ese fuego fatuo, de risas, y momentos inverosímiles, que era hasta ese instante, lo que podíamos llamar, la historia de nuestra vida.

Agotado por el cansancio, me removí en mi asiento y me dormí.

La absurda incoherencia en la que me hallo, y esta insatisfacción constante, me han vuelto temeroso y astuto.

Quiero un helado de fresa. Quiero verte sangrar por cada poro de tu piel.

Mi pequeño plan de escape, va tomando forma, lo medito durante el trabajo, cuando comemos. Y tú, hablas y hablas …

He aprendido a ausentarme, tomando mil formas, soñando despierto. Pronto, todo llegará a su fin, me digo a mí mismo para no flaquear en la locura en la que me has envuelto.

Poco a poco, me siento renacer. Recuperándome, de la inercia en la que me encuentro.

Este aleteo por sobrevivir como un colibrí agitando las alas en constante exaltación, me devuelven a una realidad en la que tú, implacable, continúas rasgando cada rincón de mi alma. Atrapándome en tu infierno. Es inevitable, me apresas en tus redes, una y otra vez.

Cayendo en tu profundo abismo, me diluyo entre tus manos.

Ese agujero negro, me aspira a lo más profundo, tu corazón frío, cómo un témpano de hielo, me golpea.

Los flashes, en esa espiral constante, son una auténtica agonía. Quiero aferrarme, huir. Pero es imposible.

Tú interior es un caleidoscopio, mil matices lo componen y descomponen en un baile atroz. En medio de esa inmensidad, me siento pequeño y desvalido.

Tu puño certero va desgarrando desde el interior, arañando por salir atravesándome.

El pánico me tiene completamente dominado, apenas puedo respirar. Siento que voy a perder la cordura.

El silencio lacerante, rebota en mi mente aturdida por lo que estoy viviendo.

No me siento parte de ti. Pierdo el control, tu locura me invade.

Comienzo a gritar, en esta noche teñida de dolor. Me siento expuesto y muy avergonzado. Tu carcajada perpetua, se clava en mí, miles de cuchillas me atraviesan.

A través de tu historia, intentaba entender la mía. Tu maliciosa sonrisa, regresaba a mi mente una y otra vez. Sentía, el calor de tu irá sobre mí.

Mi imagen pétrea, reflejada en tus cristalinos ojos, me devuelve a nuestra realidad. Estoy desorientado, no logro hilar mis pensamientos.

Poco a poco, se fueron apagando todas las luces y sombras en mi interior. Sentía mi cuerpo desconectarse, nada tenía lógica.

Todo lo que había sido mi presente, pasado y futuro, se disipaba con el último destello de humanidad, que habitaba en mí …

Deseo arder, llevándote junto a mí, a este infierno que hemos creado para nosotros.

Te imagino, sufriendo de mil maneras diferentes.

Pierdo el control, la locura me invade. Comienzo a desvariar.

La más mínima emoción, queda ahogada, a través del resentimiento. Mis más íntimos deseos se desatan, expresándose a través del rencor y la irritabilidad que tengo.

Mi ritmo cardíaco va en aumento. La irá, se ha vuelto el sentimiento predominante. He tomado la decisión, de lo que va a suceder a continuación, de manera consciente.

 Colgada de las extremidades, en la bañera, las gotas de sangre, recorren cada centímetro de tú piel.

La violencia incontrolada de tu cuerpo, agitándose, me hace alejarme unos pasos para poder observar la escena en plenitud.

Al mirarte detenidamente, me tropiezo con tus ojos suplicantes. Tu respuesta, es la negación a mi comportamiento.

Las pequeñas lágrimas, que resbalan por tus mejillas, me hacen verte algo más humana de lo que nunca fuiste.

Tan desprovista de tus oropeles, totalmente silenciada. No pareces tan temible, querida mía. Mi pequeño guiñapo. No siento placer ante tu imagen.

La euforia se desvanece, como mi propio entusiasmo en estas circunstancias.

Tanto que anhelé tenerte así, hacerte sufrir, insertarte cada una de las agujas, que son para mí los días que tengo que vivir. Devolverte cada segundo de horror, que tú me has regalado, siendo consciente del sufrimiento que me causabas, siendo totalmente inerte a él.

Quiero arrancarte cada pedazo de piel. Deslizando el bisturí, que va cortándola como si de un fino lienzo se tratase.

Disfruto imaginándolo.

Te quiero, te susurro al oído, mientras tus gemidos ahogados por la mordaza que aprieta tu boca, pelean por salir y liberarse.

Sentado a tu lado, te observo detenidamente, inmortalizando este precioso momento en mi retina para siempre. No quiero perderme ni un solo detalle de tu agonía.

La curva de tus caderas. El contorno de tus muslos, ahora desprovistos de su piel, bañados por el rojo carmesí de tu sangre, tus pechos turgentes. Son toda una invitación para mí.

Poso, mis labios húmedos, sobre uno de ellos, succionándolo con deleite y dedicación.

Regalándote pequeños mordiscos, que van en aumento.

Embriagado por el éxtasis en el que me encuentro, arranco a dentelladas uno de ellos. Los gemidos de dolor mueren ahogados en tu garganta, sin poder salir.

El amor está en el aire, en medio de esta escena, que debería resultarme dantesca.

Pero me enseñaste a vivir, alimentándome de éste sufrimiento, que ahora me hace actuar así, y devolverte, una pequeña parte de ese amor, que me has regalado durante tanto tiempo.

Siento lo mucho que te amo en cada corte que doy sobre tu piel. En cada gota de sangre que resbala por tu cuerpo, hasta perderse por el desagüe.

Te doy, mi amor más incondicional y puro en cada corte, desmembrando primero tus brazos. Dejando caer los pequeños pedazos, de tu carne tibia, sobre mis pies

descalzos.

La excitación y dureza de mi miembro, están a punto de reventar mi pantalón.

Tus ojos desorbitados por la dantesca escena, me excitan sobremanera.

Comienzo, un suave baile, con mis manos manchadas con tu sangre, haciéndome gemir de puro placer.

Reventando y derramando sobre tu cuerpo, todo el amor que te proceso.

Jadeante caigo de rodillas a tus pies. Quedando tu sexo, a la altura de mi boca. Comienzo a besarlo dulcemente.

Noto tu resistencia, las sacudidas de tu cuerpo desaprobando lo que hago, me excitan aún más.

La mordaza te impide emitir palabra alguna. Continuo el

baile de mi lengua sobre tu sexo, poco a poco, vas relajando tu cuerpo, dejándote llevar a este éxtasis de locura, en la que ambos nos hallamos en estos momentos.

Te susurro, palabras tiernas, sin dejar de besar tu sexo. Tú sabor metálico y salado, invade mis papilas gustativas. Mi lengua, sin dejar de acariciarte, se desliza con maestría por tus muslos. Sintiendo el sabor y todo el aroma de tu carne.

Me resulta tan apetitoso, que corto de una dentellada certera, un pedazo. Degustándolo despacio, me deleito mientras te miro.

Pero tú, te has desmayado. Lo cual, me produce un sentimiento muy profundo de tristeza, que no puedas

compartir conmigo, todo el placer que me procesas …

Comienza a sonar nuestra canción, es un momento mágico.

No eres capaz de imaginar, lo mucho que te quiero. Lo importante, qué eres para mí.

Voy clavando el cuchillo en tu abdomen, lentas cuchilladas, en esta noche cubierta de rojos y grises, me transportan a un mundo, en el que ambos, logramos ser uno sólo.

Continúo este precioso baile, despedazando tu hermoso cuerpo, tus muslos, pechos, cara, cuello, van bailando al son de mi cuchillo, que entra, tan suavemente en él.

Las sacudidas de tu cuerpo, los estertores de la muerte te abrazan, acechando para cubrirte por completo. Que espere.

El turno, aún me pertenece.

Continúo danzando al ritmo de la música, pletórico, exhausto de la felicidad que emana por cada poro de mi piel. La escena perfecta, deslizo las manos acariciando mi cuerpo desnudo, cubierto por la sangre del tuyo. Me siento repleto …

Me despierto sobresaltada, el tren continúa su viaje, tengo la garganta reseca por la sed. Giro mi cabeza, te veo en tú

asiento…

La belleza de tus ojos cuando me miras, me invade por

completo, dejándome una extraña sensación de incertidumbre y miedo.

Bajando tu boca a mi oído, susurrado con voz áspera y metálica.

Tranquila, querida mía, sólo ha sido un mal sueño …

RELATO DEL TALLER DE:
Taller de Escritura Creativa

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Ruben

    Excepcional ,impresionante.

  2. Cio

    Un relato que te lleva a dar un paseo por lo más profundo de tu ser y te deja con ganas de más. Sin duda leería algo de esta escritora. Ojalá y publique algo pronto. Mis mas fuertes deseos a ti, Irene.

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